Esa tarde yo estaba nervioso. Había entrevistado a muchísima gente en mi vida pero ese día iba a entrevistar a doña Pilar Muro. Me daba pánico. Es una de las entrevistas de mi vida.  ¿Y  si algo le molestaba? Les confesaré que no sabía cómo tratar a don Publio para que no le ofendiese la palabra a su viuda. Asesinado, mataron, desaparecido son términos que por mucho que los midas representan lo que representan. Opté por el camino fácil: bañar toda la entrevista con la autenticidad de preguntar con más cariño y respeto de lo normal.

Ya han pasado 20 años del maldito día. Vivo al lado y tantas veces como pase por lugar de los hechos me acuerdo de él.  Hace poco veía a doña Pilar paseando a sus perros o mejor dicho eran los perros los que le paseaban a ella. Me hizo gracia. La llamé desde el coche para decírselo y se reía… porque se ríe. Porque unos indeseables le quitaron parte de su vida pero no toda. Y con lo que le queda nos ha dado una gran lección a todos.

Cuento los minutos para volver a pasear con ella por el Parque Grande.