La semana pasada recibí decenas de wasaps invitándome a ver la Santa Misa de La 2 en TVE. No entendía por qué mis contactos habían sufrido tal ataque católico televisivo.

Todo se debía a una reacción protesta ante la proposición no de ley (PNL) que había presentado Unidos Podemos en el Congreso. Dicho grupo señalaba que “en España conviven personas de muchas ideologías y de distintas creencias religiosas: católicas, islamistas, evangelistas, ortodoxas, ateas, agnósticas o judías” y que “ante la imposibilidad de dar cabida a todos y cada uno de los sistemas ideológicos y conjunto de creencias, y para que ninguna persona pueda sentirse discriminada, la actitud más sensata de una televisión pública es la de absoluta neutralidad en materia de ideologías, religión o creencias”.  Por ello, pedían el “cese” de las “emisiones de misas que semanalmente se programan” en la parrilla de La 2 de TVE.

Ha quedado demostrado que en este país Podemos provoca todas las manifestaciones, sean a su favor o en su contra. La retransmisión de la Santa Misa logró este domingo en La 2 de TVE su mejor dato histórico de audiencia, al congregar a una media de 1.217.000 espectadores y 21,3% de cuota, convirtiéndose en el programa con más cuota en toda la jornada.

Podemos ha conseguido acercar más fieles a la Eucaristía televisada. El minuto más visto de la retransmisión se registró a las 11.18 horas, en el momento de la Comunión, con 1.301.000 seguidores y 22,7% de share.

Muchos problemas tenemos en España para que unos recién llegados se preocupen de hacer proposiciones  que no preocupan a nadie. El director de Programación de TVE, Antonio Sevilla Ribas, puede estar contento con la audiencia del pasado domingo. Se lo debe agradecer a Podemos. Sólo espero que el Gobierno impida la tramitación de la propuesta de Unidos Podemos porque ni representan a la mayoría ni velan por todos aquellos mayores u hospitalizados a los que la Santa Misa reconforta.