Youtubers, bloggers, influencers,… Son palabras que se han sumado de manera definitiva al diccionario de la Comunicación y el Marketing del Siglo XXI y que se incorporan como una herramienta más en los planes estratégicos de marcas y empresas en un momento en el que el entorno digital y el marketing emocional viven su particular romance.

Personas y personajes convertidos en herramientas de prescripción y venta, de captación y fidelización de productos y servicios muy dispares y diversos. Internet, el entorno 2.0, es el marco dónde tienen origen y razón de ser. Como tácticas y técnicas de comunicación y marketing al servicio de la persuasión por influencia, a veces se convierten en pura estrategia. La estrategia de vincular la imagen y los valores de dos marcas, habitualmente una personal y otra corporativa, y que juntos para sumar se presentan ante una audiencia normalmente bien definida y segmentada, hasta, en algunos casos, lograr una absoluta identificación la una con la otra.

Basta con recordar la maravillosa relación que no solo ahora, desde siempre, han tenido deportistas de élite con ciertas y populares marcas deportivas. Una suerte de publicity que se presta a una atractiva puesta en escena. No en vano fotos, vídeos, chats,…, están pensados y dirigidos a sentar opinión y corriente favorable, forman parte del mensaje elaborado y claramente alineado con el relato, el storytelling de las marcas contratantes.

Mensajes en la misma frecuencia

Miles de influencers, bloggers, youtubers mandan. Lanzan diariamente cientos de miles de mensajes atractivos, impactantes, fáciles, accesibles,…, pero, sobre todo, su éxito, por lo que son valorados e introducidos como estrategia en los planes empresariales, radica en que tanto los emisores, los canales, el código, el lenguaje y los receptores vibran en la misma frecuencia. Y es que, a pesar de la digitalización, de esa transformación cultural que a todos concierne y afecta, subyace el factor humano por encima del tecnológico. La emoción de la confianza. Y, por qué no decirlo, la admiración mueve y conmueve.

Y, de este modo, salvados tristes casos aberrantes, nos encontramos frente a una comunicación cercana, que se acerca a cada uno de nosotros para hacerse más humana, emocionar, conectar, impactar de forma directa, sin intermediarios y generando interés. Porque habla de lo que interesa y de un modo interesante, divertido, ameno, informativo, gamificando, incluso con Engagement ¿Les suena? Otra palabra inglesa para significar el seguimiento de un público entregado que replica y difunde rápido y exponencial, como en las bombas racimo.

Ponga un influencer en su vida, en su marca, enseñando a comprar en su plataforma de e-commerce y sus cientos de seguidores caerán rendidos y usarán el carrito de la compra. Ningún rincón social se libra del bombardeo informativo o publicitario producido en un vídeo, apoyado en una buena imagen, escondido tras un benévolo artículo o reportaje en un blog con firma de postín y prestigio que lo avala.

No hay que perder el norte de la calidad

Los públicos consumimos la información de cualquier naturaleza servida con originalidad en canales transmedia. La demandamos, la esperamos e incluso la exigimos. Y no olvidemos que todos, nativos digitales o analógicos reconvertidos, somos usuarios de la red en mayor o menor grado. Y, por lo tanto, no estamos exentos de recibir los impactos de una lluvia que no cesa, que cala y que se infiltra, consiguiendo unos niveles de reconocimiento y posicionamiento a gran escala. ¿No hay límites? Sí. Aquel que nos otorga la capacidad de discernimiento para un consumo inteligente, el buen gusto de aquellos que emitimos, la creatividad bien entendida y la necesidad de profesionalización para que, dentro de la lógica evolución, no perdamos nunca el norte de la Calidad. Más allá de las tendencias, y sabiendo que no todos ni todo vale, ¡cuidado a quién eliges para que hable y represente a tu marca!

Cifras para la reflexión: Youtube, una red social de vídeo con un crecimiento superior al 50% año tras año. Algunos de los youtubers en nuestro país superan en popularidad a muchas celebrities. Es el caso del ya más que conocido Rubius, que cuenta con casi 20 millones de suscriptores y cientos de millones de visualizaciones en su canal, donde, además de hablar de videojuegos, se graba con sus amigos en diferentes escenas.