Estos últimos meses hemos asistido a muchos movimientos políticos entre el Gobierno de España y el Govern. Una partida de ajedrez, en general, con brillantes movimientos aunque alguno haya resultado muy torpe, propio de gobernantes en primero de política.

¿Qué aciertos y desaciertos han cometido nuestros actores con una herramienta clave como es la comunicación? ¿Cómo han respondido los respectivos departamentos de comunicación en esta crisis que aún no ha acabado?

El director general de Comunicación del Gobierno catalán, Jaume Clotet, ha jugado un papel importante hasta el punto de haber sido investigado por el referéndum ilegal. Ha conseguido lanzar potentes discursos con una agresividad en el contenido y no en las formas que ha mantenido en vilo a su parroquia y al conjunto de los españoles.

Clotet, por otra parte, ha tenido complicado comunicar la indecisión e indefinición mostrada por su señorito. Su mayor éxito ha sido trasladar el conflicto a los medios internacionales consiguiendo más de una entrevista a Puigdemont en los periódicos y televisiones más importantes del planeta.

Poner internacionalmente en el foco un asunto no es fácil y el 1 de octubre lo consiguieron con un lenguaje cargado de victimismo. Se trasladó a la opinión pública internacional una falsa represión policial cuando tan sólo no había dejado de ser alguna carga contra algún manifestante. La efectividad duró solo unos días al descubrirse las muchas mentiras que hubo con la utilización de imágenes de otros disturbios que nada tenían que ver con el referéndum.

Un papel importantísimo es el que han jugado las redes sociales y en el caso de los independentistas, muy condicionados por los titulares y opiniones vertidas por TV3, Catalunya Radio, Rac 1 y La Vanguardia.

Carmen Martínez Castro es la responsable de comunicación en el Ministerio de la Presidencia desde el 2011 desempeñando la función de Secretaria de Estado de Comunicación. Una profesional que da más importancia a los editoriales que a las portadas y que ha descolocado a propios y extraños con su indiferencia hacia los medios internacionales deja a las claras el nefasto papel jugado por el Gobierno de España en la crisis catalana en lo que a comunicación se refiere.

A diferencia de Clotet, Martínez Castro lo tenía fácil. Rajoy es un hombre prudente y previsible que se ha mantenido en una firme postura pegado a la legalidad y al principio de la unidad de España. Su persona de confianza ha sufrido revolcón tras revolcón en su desacertada política de comunicación cuando tenía todo a favor.

Un brote de españolidad en todos los balcones, la Unión Europea apoyando a su Estado miembro, las empresas huyendo de Cataluña y todos los medios nacionales – afines y no tanto- del lado del Gobierno,  ante el sin sentido independentista, no han servido para que Martínez Castro supiese dar brillo a su presidente. Todos los aciertos y errores han sido mérito del presidente y no de la persona que debe velar por la comunicación en Moncloa.

Unos muriendo por acaparar entrevistas en la prensa internacional y otra dando la espalda a la misma. Muchos profesionales consultados por este Cronista no saben si esto se ha debido a su desconocimiento de la importancia de la comunicación internacional o por sus cortas miras en lo que se refiere a las funciones que se le otorgan al responsable de comunicación de una institución. Da la impresión que necesita un seminario de CCC en Comunicación de crisis.

Sabemos que Rajoy mide sus tiempos con una tranquilidad que en ocasiones nadie entiende. Para algunos deja pudrir los problemas, otros piensan que espera que por sí solo se arreglen pero ha demostrado que el tiempo es el mayor aliado del presidente. La tranquilidad  y seguridad son características propias de Rajoy que le confirman como un buen líder ante su equipo más cercano. Sin embargo, lo que debería ser una seguridad para su responsable de comunicación se ha convertido en una clara dejación de funciones. Martínez Castro debería saber que la calma del líder no debe suponer  el silencio en comunicación.

Para terminar debo destacar el que a mi juicio ha tenido el mayor éxito a la hora de comunicar un mensaje. Felipe VI salió, habló y venció. Superó su 23-F en poco más de 7 minutos. Congregó a 12,5 millones de almas -77,0 % de share- siendo el discurso más visto de los últimos 20 años. Veintinueve cadenas de televisión emitieron en directo el mensaje del Monarca destacando el millón de espectadores -5,9 %- que atrajo en la autonómica catalana.

Comunicar no es decir las cosas. Los cuatro objetivos de la comunicación eficiente son informar, entretener, con-vencer y motivar y el Rey sedujo a todos los españoles con un mensaje contundente de unidad.