A unos les pone nerviosos. Otros -500.000- le buscan todas las tardes para que les acompañe. Expósito es uno de esos periodistas que, como el buen vino, ha mejorado con los años. Es como esa buena película donde una escena que dura un instante consigue dejarte la huella de lo memorable.

Este madrileño que no peina canas pero que le sobran en hechuras periodísticas lo han descubierto muchos oyentes recientemente. Este plumillas –como él se considera- ha sido director de Europa Press y director de ABC. A lo largo de su carrera también ha recaído en Telemadrid, 59 segundos de TVE, RNE, La Vanguardia, La linterna, La brújula de Onda Cero, La noche en 24 horas o en Punto Radio donde coincidimos. Desde agosto del 2015 dirige y presenta La tarde de COPE compaginándola con su aparición mañanera diaria con Herrera.

Esta semana le traigo a la palestra del Cronista por un solo motivo que, a mi juicio, le diferencia actualmente del resto de comunicadores. Me refiero a su esfuerzo por mostrarnos otras realidades de este pequeño mundo y poner en valor diariamente a la persona que está en apuros, al cooperante, al misionero, al militar, marino, guardia civil o policía nacional que dan su vida por los demás, por nosotros. Todo ello para que seamos conscientes de los héroes españoles sin capa que trabajan por los demás en nombre de España. Algo que los Colau de nuestro país seguro les repatea  y no llegan a comprender por su indigencia intelectual, o al menos, así lo reflejan cuando los desprecian a la mínima oportunidad que tienen.

Le hemos visto y oído en los asentamientos de refugiados sirios donde visitó escuelas en las que niños sirios y libaneses comparten clase, ha recorrido la frontera entre el Líbano e Israel donde trabajan más de 600 militares españoles bajo el mandato de Naciones Unidas en la base Miguel de Cervantes. Le hemos escuchado desde la fragata Numancia o en Sutera (Sicilia, Italia) donde abordó el drama de los refugiados cubriendo, por ejemplo, la información sobre el naufragio de una embarcación con 700 inmigrantes. La frontera entre Venezuela y Colombia también fue testigo de su periodismo para tratar de explicarnos por qué los venezolanos están huyendo de su país. Pero no sólo de allí huye el ser humano. Las maras de Guatemala también tuvieron su espacio en uno de sus viajes recientes mostrándonos aquella realidad y el por qué es el principal motivo de la huida en el país centroamericano. O en el corazón de Africa donde religiosos, soldados, monjas y cooperantes se dejan la vida día a día en Mali. Aún recuerdo su visita a la escuela de Yanguinebagú en Bamako.

Comparto su idea de que la clave está en el mundo y no en mirarnos el ombligo con una política cateta. Este país, en ocasiones, no reconoce las muchas instituciones que tenemos y prestan un excelente servicio a la sociedad. Parece pecado alabar a nuestras Fuerzas Armadas. Nadie calla al tonto que en redes o ante un micrófono reparte una moralina barata que no venden ni el todo a cien de la esquina.

Ángel Expósito pone en valor a todos los profesionales que entregados a su vocación ayudan a los demás. Me emocionaba escuchando la semana pasada como las familias hablaban de estos profesionales –sus maridos- en términos de ORGULLO. Pero es que en la barra libre a la estupidez en la que nos encontramos es todo lo contrario lo que solemos escuchar en los medios. La valentía mal pagada de nuestros compatriotas la hemos ido conociendo gracias a las magníficas tardes de Cope y espero que así siga siendo.

Espero que la playa de la Barrosa sea pronto testigo de una nueva conversación con Expósito y me cuente sus próximos sueños en pos de una sociedad mejor gracias al periodismo.