Conocíamos esta semana que la veterana periodista Rosa María Mateo aceptaba la propuesta para ser nombrada administradora única de RTVE.  La burgalesa, con una larga y exitosa trayectoria, reconocía que tenía una sensación de vértigo ante este desafío. La interinidad de la solución poco soluciona, pero parece que ha relajado en el ente la tempestad provocada por Pedro Sánchez tras regalar la televisión a Pablo Iglesias.

El gobierno de marketing actual tiene su riesgo. Lleno de golpes de efecto está abocado a encallarse en la cruda realidad de sus 82 escaños. Mientras, dos realidades caminan por vías distintas. El ciudadano con sus preocupaciones cotidianas y su gobierno preocupado por los restos de un dictador olvidado por la mayoría de las generaciones. El autónomo madrugando para tener unas dignas vacaciones con su familia y su gobierno manifestando que la furgoneta diésel que paga en incómodas letras pasa a tener un valor cero en el mercado.

Pero hay personas, que no son ciudadanos de segunda, que su vida se reduce a la visita de sus hijos, ver la televisión y a la espera de noticias del médico cuando tenga a bien entrar en la habitación de la planta del hospital o de la residencia en la que se encuentran. Deteniéndome en el segundo estado vital de sus vidas, son más de 600.000 personas, las que esperan que el domingo RTVE emita la misa de La 2 y, de nuevo, la amenaza de que se les arrebate se cierne por el odio de unos pocos hacia la Iglesia Católica.

Para muchos de nuestros mayores incapacitados para salir de casa ha regresado el temor de que TVE, controlada por Pablo Iglesias, suprima la misa de los domingos, tal como pidió en el Congreso en una proposición no de ley el año pasado.

Lo dijo Chesterfield al afirmar que algunos odian a quien les hace sentir la propia inferioridad. Y deduzco, a tenor de los hechos, que no existe otro motivo que el odio cuando audiencia y costes no son argumentos para retirar el programa ‘El día del Señor’ de la programación de La 2.

Aplastantes son los dos datos que ofrece la Misa dominical de TVE: con unos costes de producción mínimos es lo más visto de La 2 junto con ‘Saber y ganar’.

La estulta y gaznápira Cristina Fallarás, nueva consejera propuesta por Podemos, declaraba recientemente en El Español, que sentía “repugnancia hacia las misas en general”. Suprimir las emisiones de las misas en RTVE, por tanto, está a la vuelta de la esquina.

La primera emisión en directo tuvo lugar en 1982 y con 8% de audiencia media, se equipara a otros países europeos laicos como Alemania o Francia que ofrecen este servicio por su demanda social.

Los argumentos económicos y de audiencia y declaraciones como las de Fallarás consolida la tesis del odio de Podemos-PSOE hacia la Iglesia Católica. Sólo hay un problema, que quien paga ese odio, son personas mayores, enfermas o impedidas que sienten que su gobierno les abandona bajo el “que se jodan esos viejos”.

Recupero uno de los contundentes editoriales de mi querido Carlos Herrera opinando a este respecto.