Recuerdo que un sacerdote me contó una vez que unos jóvenes al verle por la calle le gritaron “¡Mirad esa cucaracha!”. Él restaba importancia al episodio a la vez que yo pensé que esa era la valentía de aquellos que sabían que él nunca les iba a responder y menos encararse a ellos.

Éramos muchos los que teníamos ganas de ver la entrevista al Papa Francisco. Reconociendo el grandísimo tanto el que se ha marcado Évole al entrevistar a la persona más relevante del planeta no me ha dejado un buen sabor de boca.

El periodista fue hábil. Comenzando con una serie de preguntas en torno a la personalidad del Sumo Pontífice descubrimos que no tiene móvil, practica la siesta y, además duerme ‘como un tronco’. La serpiente comenzaba a envolver a la presa.

Estaba claro que se había pactado el encuentro con el compromiso de abordar el problema de la inmigración. Aunque preguntas hubo el periodista no iba a dejar pasar la oportunidad de acorralar al entrevistado.

El Papa Francisco reflejó una gran preocupación con críticas al Gobierno de España y Europa. Los motivos aludidos: nuestro pasado emigrante que hemos olvidado y la desesperante tasa de natalidad. Tampoco Trump salió bien parado. El Papa mostró también su preocupación ante la gran desigualdad atacando al capitalismo salvaje en defensa de la economía social de mercado.

Évole no podía dejar con vida a su presa. La única solución era saltarse lo pactado. Aunque el Papa Francisco intentó reconducir la entrevista (“¿Volvemos a los migrantes?), el mal arte de mentir por parte de Évole consiguió que no defraudase a los suyos.

Sí, hay problemas en el Vaticano’ afirmaba, un alejamiento de parte del clero por falta de empatía con sus feligreses, la aceptación en algunos casos del pago del IBI o el reconocimiento de la existencia de ‘mercaderes’ en el Vaticano’ fueron algunos de los triunfos del periodista español durante la entrevista.

Évole, como portavoz de la izquierda, debía desenterrar también a Franco. El agotador recurrente tenía que aparecer en la entrevista -supuestamente dedicada a la problemática de los inmigrantes-. La respuesta “No tengo opinión” llevaba la impotencia al entrevistado sin saber reaccionar.

El Papa Francisco tampoco desaprovechó su oportunidad y mandó un mensaje a los medios de comunicación. Desinformación, calumnia, difamación y coprofilia (amor a la cosa sucia) son los valores en los que algunos medios basan ‘su información’. Supongo que poca nota tomaría laSexta siendo claro ejemplo de este comportamiento en nuestro país.

La víbora se había hecho con su víctima. Los abusos de la Iglesia no podían faltar. Una explicación poco convincente -como no podía ser de otra manera- es la que nos encontramos por parte del jefe de la Iglesia.

‘¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema?’ sorprendía a Évole que incapaz de contestar se amparó en el que él no había acudido para responder preguntas. Sabía que tenía todas las de perder.

En el caso de los homosexuales, sin embargo, sí que se posicionó. Parece ser que en esta ocasión Évole sí que había acudido para responder preguntas.

Floja entrevista del que nos tiene acostumbrados a grandes noches de domingo. Decepción por traicionar algo pactado anteriormente. Dice mucho de él. Dice que es un periodista traidor.

Valentía por parte del papa Francisco. Concediendo la entrevista y contestando a todo. Deseo que consiguiese su principal objetivo que no era otro que sensibilizar a los millones de espectadores con el problema migratorio. Y sí, estoy con él, ‘El mundo se olvidó de llorar’.