No se puede negar que el Presidente de los Estados Unidos es un tipo con suerte. Y con esta expresión no me refiero a su victoria en las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre. Cualquier triunfo electoral en un régimen democrático tiene (o debería tener) que ver más con otros factores o causas que con la intervención de la diosa Fortuna.

Estoy hablando más bien, de las consecuencias de la escena bochornosa a la que hemos asistido todos los que estábamos viendo la ceremonia de entrega de los Oscar la pasada madrugada, cuando, con todo el equipo de producción de la película ‘La La Land’ festejando el Premio a la Mejor Película sobre el escenario del Dolby Theatre de Los Angeles, y mientras uno de los productores, estatuilla en mano, enumeraba la habitual retahíla de agradecimiento, otro se acercaba al micrófono para decir que la auténtica ganadora de ese Oscar era ‘Moonlight’, y que no se trataba de una broma, sino de un lamentable error.

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Este tremendo fallo de organización, del que, como hemos sabido más tarde, se ha hecho responsable la empresa consultora Pricewaterhouse Coopers, encargada del recuento de los votos y depositaria de los resultados, ha tenido como efecto inmediato que no se hablara de otros aspectos de la gala. Y, más concretamente, de las múltiples referencias que los diferentes presentadores de los premios, el conductor de la ceremonia y, cómo no, los premiados, han hecho a la persona del Presidente o a su política. La mayoría de los medios de comunicación han puesto su foco en esta lamentable situación, que ha puesto en tela de juicio la profesionalidad de los organizadores de esta fiesta del cine, que es la entrega anual de los Oscar, uno de los acontecimientos más seguidos de la televisión. Y las alusiones a la figura de Donald Trump durante la gala, por lo general, sin salidas de tono, han quedado relegadas a un segundo plano o al olvido.

El error de los responsables de la empresa Pricewaterhouse Coopers es de tal magnitud que ha eclipsado a otro que afecta especialmente a la memoria de un gran cineasta español y que es imputable a la realización del evento. Gil Parrondo, ganador de dos Oscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, fue ignorado “olímpicamente”, por ésta en su tradicional montaje audiovisual que sirve para recordar a los actores y técnicos del mundo del cine fallecidos en el año anterior.

El fatal tropezón de uno de los dos trabajadores de la citada consultora -que ufanamente pasean por la alfombra roja previa a la ceremonia y que se hacen fotos como las estrellas con los maletines que contienen el resultado del recuento de votos- no debe hacernos olvidar la sorpresa que ha supuesto el triunfo de una película, Moonlight, con una temática dura y complicada para la taquilla. ¿Por qué no ha ganado la gran favorita, La La Land, que, además, se ha llevado seis galardones? ¿Y por qué lo ha hecho Moonlight? El motivo más inmediato es, sin duda, el sistema de voto preferencial, merced al cual el premio va para la película con mayor consenso entre todos los votantes y no necesariamente a la favorita de una mayoría. La La Land gustaba a muchos, pero también tenía bastantes detractores. Y este hecho ha permitido la victoria de un film como Moonlight, de menor calidad que al menos tres o cuatro del resto de las nominadas a mejor película, pero que se contemplaba como una opción ideológicamente más consensuada.  La causa remota del Oscar a la Mejor Película de este año empezó a fraguarse en la edición pasada, con las protestas de la comunidad afroamericana del cine y ese trending topic #OscarSoWhite.

Por cierto, querido Cronista, cuando ayer a las seis y diez de la mañana los Oscar pasaban de las manos de los asombrados productores de La La Land a las de unos no menos sorprendidos responsables de Moonlight, no sólo se producía un vuelco en los resultados (con el consiguiente terremoto en las casas de apuestas), sino que también este humilde despensero perdía su particular reto y rebajaba el número de aciertos en su quiniela de los Oscar de 15 a 14. Como muy acertadamente señalabas: “una mala noche en los Oscar la puede tener cualquiera”. Hasta la empresa más seria y fiable. Así que el reto se transforma en compromiso hacia los lectores de Extradigital.