Teníamos ganas de escuchar a la ínclita Rosa María Mateo en el Congreso de los Diputados. Un solo mes ha necesitado para dar caza a todo lo que oliese a legislatura pasada. La administradora de RTVE llegó tranquila y segura de sí misma. Nada tiene que perder dada su interinidad.

No esperábamos nada nuevo porque “por sus hechos los conoceréis”. Sorprendió su actitud tajante porque a Rosa María nunca se le puso nada por delante.  Justificó la cascada de ceses -negándose a calificarlos de “purga”- porque los cambios son habituales en la empresas públicas y privadas. Bien sabe que “los cargos no pertenecen a nadie en propiedad” y su provisionalidad le delata.

“Para mí, la palabra purga que se ha utilizado tanto durante estos meses significa gulag, significa estalinismo, nazismo, fascismo, franquismo, pinochetismo, campos de concentración, abuso de poder” declaró.  Discúlpeme, señoría, que discrepe con usted en lo que significa. Purga es la expulsión de los miembros, considerados sospechosos o indeseables, de una sociedad, empresa o partido político y esto no solo es propio de dictaduras sino de personas con espíritu dictatorial.

En la empresa privada sería entrar como un elefante en cacharrería sin dar tiempo a esos periodistas a adaptarse al cambio sugerido. Cien han sido los empleados cesados en poco más de un mes que han pasado por la prueba del algodón de doña Rosa María y confirmados como indeseables o sospechosos.

 “Mi libertad les beneficia” conjura en soberbia perfectamente, solo superada este mes por “Yo soy el presidente del Gobierno” repetida hasta ocho veces sirviendo de argumento para todo.

Negó haber recibido instrucciones del Gobierno y haberlas transmitido a los trabajadores. No es necesario transmitirlas si uno ya las ha ejecutado. El miedo campe a sus anchas y aténgase a las consecuencias.

No consiente que nadie le dé órdenes, declaró, pero los que la colocaron satisfechos están. Nada prueba que se diesen y nada lo contrario. Su gran valedor Pablo Iglesias así lo deseaba y casa con sus decisiones tomadas.

Afirmó que anteriormente a su llegada triunfal “en vez de periodismo hubo desinformación”. Hoy seguimos esperando que nos explique por qué RTVE nunca informó del escándalo de Begoña Gómez o la tesis del doctor Sánchez se resguardó como noticia Guadiana dentro de nuestros -tiro de ironía- informativos plurales.

Su retribución bruta mensual de 10.405,02 euros bien merece pleitesía, pero debe recordar que poder e ingratitud siempre van de la mano.