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Tomaban la fresca. Varios vecinos salían y sentados –unos en hamacas y otros en sillas de anea- pasaban varias horas charlando, incluso, más allá de la media noche.

Ese día era el protagonista de la noche. En otras ocasiones lo era el vecino ausente. En la mayoría de las veces aquellos que no formaban parte de ese vecindario.

Hablaban y alguna era la ocasión en la que “despellejaban” a alguien. Esto desgraciadamente es propio de este país. Eso es lo que recuerdo de aquel “tomar la fresca” de los mayores en mi infancia. Eso era “tomar la fresca” en aquel pueblo pequeño por el que no pasaba la autovía.

Cada vez que me encuentro con ellos en la televisión pienso en aquellas noches de verano. Aquellas noches limpias que hoy me recuerdan tardes sucias de corrillo televisivo.

Nadie piense que don Paolo Vasile es el listo que vino a enseñar a este país lo que era una tertulia. “Tomar la fresca” sigue siendo habitual en muchos rincones de España. Sálvame se televisa y otras se quedan en las noches veraniegas de cualquier vecindario de pueblo. Tal vez “la Esteban”, Karmele o  Chelo Garcia Cortés no darían la talla si tomasen la fresca sentadas en esas sillas de anea.