Y llegó la Copa del Rey. Y llegó la pitada. Y terminó el partido. Y un par de días de titulares. Y a otra cosa… mariposa. Mucho se ha escrito, mucho se escribirá, nadie hará.

Era legalmente imposible suspender la final de Copa por una pitada al himno. Y se jugó. Se tendría que promulgar una norma para que se suspendan los encuentros donde se pite el himno español pero eso, ya sabemos, no se va a hacer. Es un lío.

No había ni habrá una base fundamental para suspender un partido. Cien mil almas pitando al Rey mientras suena el himno no es base fundamental. Esa ley la tendrían que promulgar los políticos. Tendrían que hacer una propuesta de ley para suspender los partidos y después se tendría que aceptar. Pero Rajoy y Sánchez no están para estas tonterías.

La muestra de desaprobación vivida el sábado mediante pitos y silbidos confirma algo más que una falta de respeto. Los ultrajes a la bandera o al himno son delito en el Código Penal. No se deben consentir. Por eso se consintieron.