• La comunidad alberga media docena de estas famosas figuras, que han trascendido a la marca y se han convertido en icono pop y símbolo de lo español
  • La compañía es consciente del potencial de su enseña y ha apostado por la creación de una extensión de marca de estilo de vida llamada ‘Toro de Osborne’

Su figura lleva años acompañándonos en los viajes por la geografía española y dándole un toque especial a la imagen de muchas carreteras. Y ahora, está de aniversario. El famoso Toro de Osborne celebra 60 años como icono de la marca y convertido en un icono pop de lo español -con sus correspondientes defensores y detractores-, que, en todo caso, deja indiferente a muy pocos. Seis décadas de historia, de las que, hoy por hoy, son testigos en Aragón seis toros, ubicados en Monreal de Ariza, Calatayud, La Muela, Alfajarín, Pina de Ebro y Peñalba, que sirvió de escenario para la película Jamón, jamón, de Bigas Luna.

Jamon_jamon

La marca Osborne es mucho más antigua que el toro, ya que data del año 1772. No obstante, tal y como explica Fernando Carcavilla, profesor del Grado de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad San Jorge, en el año 1956, la empresa planteó una campaña de publicidad exterior para el brandy Veterano y se encargó el diseño al artista Manolo Prieto.

“La concepción original del toro fue, por tanto, la de un elemento gráfico que funcionara como silueta en una valla publicitaria. Y creo que esa ha sido una de las claves de su éxito a nivel formal. El toro se integra en el entorno y se recorta en el paisaje, siendo fácilmente reconocible sin necesidad de rotulación”, explica el profesor, al tiempo que añade que la campaña tuvo tanta aceptación popular que el toro se convirtió en el principal identificador gráfico de la marca. “Y, a día de hoy, es un referente del diseño gráfico español”, comenta Carcavilla.

Icono pop y símbolo de lo español

De hecho, el Toro de Osborne se ha acabado erigiendo para muchos como icono de lo español, algo que, en ocasiones, según recuerda el profesor de la USJ ha llegado a ir en contra de la marca. “La silueta del toro ha trascendido su significado original y, con el tiempo, ha pasado de ser un elemento identificador de una marca de brandy a un icono pop con connotaciones nacionalistas y patrióticas, tal vez, con un punto rancio. Los públicos aportan significación a la marca y eso escapa al control de la empresa”, explica Carcavillla, quien añade que el toro es percibido por ciertos colectivos “como un símbolo de invasión cultural española frente a su cultura local y lo consideran como algo ajeno. Esto ha convertido al toro en soporte para reivindicaciones nacionalistas regionales, cometiéndose actos vandálicos contra alguna de las vallas”.

En todo caso, los Toros de Osborne no pasan desapercibidos para nadie, ya sea fuera del país (como alegoría para identificar a España), ya sea en el interior (como iconos de un interés cultural, que, en 1997, les valió un indulto y, por tanto, su permanencia en las proximidades de las carreteras españolas tras la legislación publicada en 1994 que prohibía cualquier tipo de publicidad en vías de circulación).

Expansión de la marca más allá de los licores

Y es que el Toro de Osborne sigue de moda. Por eso, hace un tiempo, Osborne decidió llevar a cabo un restyling o rediseño de la identidad visual del Grupo Osborne, en la que el toro sigue siendo el protagonista. “La compañía es consciente del potencial de su marca y ha apostado por la creación de una extensión de marca de estilo de vida llamada Toro de Osborne mediante la concesión de licencias y el franquiciado de tiendas de ropa. Es una forma de expandir el territorio de la marca más allá de los licores y la alimentación y, en cierto modo, de ejercer mayor protección sobre la marca y sus aplicaciones”, comenta el profesor de la USJ.

En este contexto, Carcavilla incide en que se trata de una marca emblemática, que resulta familiar y propia, con un poderoso símbolo que forma parte del imaginario colectivo. “Con el tiempo le hemos ido otorgando un significado más complejo que trasciende su carácter publicitario original. Pero, al fin y al cabo, son los públicos los que construyen las grandes marcas”, concluye.