Con el verano llega el calor. Sí. Y las vacaciones. Y con ellas, una drástica disminución del caudal informativo que generan las Administraciones y cuantos giramos alrededor de la comunicación institucional y política. Los medios, a veces demasiado supeditados a la agenda oficial, se topan con un frenazo brusco de los temas que reciben en sus habitualmente saturadísimos correos electrónicos. La ‘pertinaz’ sequía informativa y las merecidas vacaciones de los redactores titulares son un hábitat propicio para que nazcan las serpientes de verano.

SerpientesDeVerano

Las serpientes de verano son imprevisibles. Nunca se sabe quién ni qué las va a generar. Ni qué fortuna tendrán cuando nazcan, crezcan, se reproduzcan y mueran en el olvido y la vorágine que volverá tras el verano, con los temas ordinarios. Y con los otoños calientes que siempre, es de cajón, siguen a todos los veranos.

Las serpientes de verano suelen ser peligrosas por su imprevisibilidad. Son difíciles de controlar, si lo que se pretende es utilizar el estío para lanzarlas a modo de globos sonda. Peligro. El verano es poco dado a contextualizar y explicar. Todo suena nuevo. Los titulares y las fotografías caben más grandes. Y ya se sabe que, a menudo, es mejor no moverse en las fotos.

El verano es informativamente complicado. Accidentes, rescates, incendios forestales, pretemporadas y efemérides sonadas se suceden y entremezclan con las fiestas patronales, que absorben buena parte de la programación y esfuerzos de los medios locales.

Los veranos sirven también para descongelar las neveras informativas que guardan medios, instituciones y empresas. Cuestiones que no hayan visto su ocasión de salir en el fragor de los meses previos, que no caduquen, y que se puedan intentar vender como frescas, mejor si es gracias a alguna percha que las vuelva a traer a colación. Y, a ser posible, con una cara y una voz, con una persona que las cuente, para que televisiones y radios puedan también hacerse eco. Puede ser una nueva oportunidad para esos temas congelados, pero siempre que sean ligeritos, como las ensaladas. Asuntos muy medidos y controlados. Y en caso de duda, mejor no meneallos.