En estos días convulsos que vivimos, uno se sorprende (todavía) ante las noticias de convocatorias de plazas para gabinetes de comunicación o gabinetes de prensa que no exigen el título de periodista para poder presentarse.

Como bien han dicho muchos compañeros en la última semana, es algo tan surrealista que solo podría compararse a que nuestros médicos fuesen abogados, o que los jueces viniesen del mundo del circo. En tierras aragonesas la sombra de Buñuel sigue siendo muy alargada…

Esta circunstancia me lleva a reflexionar sobre la razón profunda del problema: el público desconoce la verdadera labor del periodista. Se cree que esta profesión (algunos hoy en día dudan que lo sea) es la de un mero transmisor de informaciones, mientras que otros opinan que su función es la de retorcer la realidad a favor de intereses ocultos. Y luego están aquellos que consideran que son portadores de “alcachofas” que acosan a famosos o gritan goles tumbados en sus asientos sin ningún talento para otro oficio.

Se puede resumir en una frase que suelo escuchar habitualmente: “¡Cómo son los periodistas! Retuercen la realidad. Yo no he dicho eso. No es verdad (tono airado)”.

En definitiva, al margen de tópicos y de imágenes preconcebidas, el verdadero problema es que casi todo el mundo cree que cualquiera puede ser periodista. Y aquí, con las nuevas tecnologías, esa creencia se convierte en religión.

Se nos olvida que el periodista tiene que formar el juicio crítico, poner la duda a las afirmaciones y dudar ante todo. Dudar mucho.

Las nuevas tecnologías son maravillosas y nos ofrecen muchas y mejores posibilidades para crear una sociedad más crítica. Sin embargo, estamos tomando el camino de la democratización de la “superficialidad”. Hablemos de todo sin saber de nada.

Estas reflexiones, que pueden ser consideradas como excesivamente pesimistas, retumbaron hace unos días en mi cabeza con una información “periodística” de La Sexta. Tras los atentados en Bruselas, la cadena de televisión hablaba de la capacidad periodística de Periscope, esa herramienta de transmisión en directo que cualquier usuario puede realizar con su móvil. Y acaba la información con una pregunta inquietante y llena de cinismo: “¿Sustituirá Periscope al periodista? ¿Se va a necesitar al periodista?”

Eso en el antiguo Japón tenía un nombre: seppuku o hara-kiri.

“Ejecutante y kaishaku”

Imagen extraída del libro  “The Gist of Japan – The Islands, Their People, And Missions”.  R.B. Peery, 1897.
Imagen extraída del libro  “The Gist of Japan – The Islands, Their People, And Missions”.  R.B. Peery, 1897.