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Permitan a este Cronista darse, de nuevo, un paseo por las apasionantes elecciones americanas y centrarse en lo que opinan los medios americanos respecto al candidato republicano. Se resumiría en “Todos contra él”.

La revista The Atlantic ha hecho sólo dos editoriales presidenciales en sus 159 años de historia: una para Abraham Lincoln en 1860 y uno de Lyndon B. Johnson en 1964.

El tercero se lo dedicó la semana pasada cuando la revista publicó un editorial apoyando a Hillary Clinton para presidente y resolver a Donald J. Trump como “el candidato demagogo, xenófobo, sexista, ignorante y  mentiroso de los 227 años de historia de la presidencia de los Estados Unidos”.

Un día antes, el editor de Vanity Fair Graydon Carter escribió en su editorial “Por medio de palabras o acciones, Trump ha promovido, la intolerancia, la ignorancia, mentira, y casi todo lo demás que puede estar equivocado con la sociedad”.

Lo editoriales americanos están siendo abrumadoramente una claro ejemplo de lo poco que se quiere a Trump queriéndole condenar en noviembre al fracaso de su candidatura. The Dallas Morning News, The Arizona Republic, The Cincinnati Enquirer, The Wall Street Journal son buen ejemplo de ello.

“Demagogo peligroso”, una elección que representaría un “peligro claro y presente” (The Washington Post, The Cincinnati Enquirer) o lo escrito Scott Stossel  en The Atlantic “una emergencia nacional o potencial amenaza para Estados Unidos” es habitual leerlo en la prensa americana.

Las encuestas nacionales no son muy buenas y del todo fiables para predecir el resultado final en los colegios electorales. Me agarraré al sondeo realizado por The New York Times que muestra que el 41 % del país elegiría a Trump sobre Clinton si las elecciones fueran ahora.

La división entre la opinión editorial y una parte significativa de los votantes, especialmente los votantes republicanos, ha existido desde hace décadas. Pero esta campaña está mostrando un escenario hasta ahora desconocido, no sólo debido a la mezcla de publicaciones en contra del candidato republicano, sino también por el contraste entre su visión apocalíptica de una presidencia Trump y la fe de sus partidarios que creen ” que Estados Unidos será grande otra vez”.

El lenguaje de los editoriales golpea a niveles de decibelios cada vez más altos pero también lo hace el lenguaje del candidato con sus declaraciones contra los medios de comunicación. Trump está alimentando esos ataques con apreciaciones públicas declarando que los medios “manipulan el sistema contra todos los americanos”. El mismo dijo en New Hampshire la semana pasada en un mensaje de Twitter: “la gente es muy inteligente en la cancelación de suscripciones a los periódicos Dallas y Arizona. ¡Hoy perderán lectores!”

Stossel del Atlántico dijo que era consciente de la brecha en el país. “Trump no presenta políticas realistas para hacer frente a las preocupaciones legítimas de los que creen en él”. Stossel sabe que el poder de los editoriales es limitado pero advierte que sólo unas pocas personas pueden ser los márgenes en algunos estados clave y pueden conseguir la diferencia.

Una pregunta clave es si estos son factores que influyen en los votantes indecisos. Esto es, y seguirá siendo, difícil de determinar. Los editorialistas han hablado. No sabemos les escucharán los votantes.