Ella fue uno de mis primeros amores “cinematográficos”, un flechazo, un enamoramiento a primera vista cuando irrumpía en el Café Americano de Rick para iluminar con su sola presencia la vida de aquellos hombres y mujeres refugiados, huidos y exiliados que poblaban el tugurio de Bogart en Casablanca: Ingrid Bergman.

La historia de amor que protagonizó en esta película tiene un punto de inflexión cuando el personaje que interpreta, la mujer del líder de la resistencia contra el régimen nazi, tiene que elegir entre su marido -el hombre idealista al que todos admiran, que pelea por una causa noble y justa- o Bogart -el tipo cínico y aventurero que sólo lucha por “su” causa, su propio interés-; entre el sentido del deber y la responsabilidad a la que está comprometida por su matrimonio y entre un amor del pasado que regresa envuelto en el halo romántico con el que el transcurso del tiempo da pátina a los recuerdos.

¡Y ya sabemos cuál fue su decisión!

Gracias a éxitos como Casablanca, Las campanas de Santa María, Luz de gas, Recuerda o Encadenados, llegó a ser una de las actrices favoritas del público durante los años 40. Pero esa adoración se transformó en el sentimiento contrario cuando Ingrid Bergman renunció a su familia y a su carrera por una relación amorosa con Roberto Rossellini. Todo había comenzado cuando, después de ver Roma, città aperta en un cine de Los Ángeles, quedó tan impresionada con la película que le escribió una carta a su director, ofreciéndose a trabajar con él. Ingrid Bergman viajó a Italia para rodar la siguiente película del cineasta italiano, Strómboli, dejando en Estados Unidos a su marido y a su hija pequeña. Rossellini y la actriz comenzaron un romance durante el rodaje y el escándalo sacudió con fuerza a la sociedad norteamericana.

Se le planteó en la vida real un dilema parecido al de su personaje de Casablanca: elegir entre la familia y las obligaciones hacia su marido y su hija o una aventura amorosa con un hombre también casado, entre la comodidad y estabilidad de su vida en Hollywood o un incierto futuro en un país desconocido y con un amante al que difícilmente entendía en francés. Sin embargo, Rossellini no era como Rick, el personaje de Bogart en la mítica película, y no le ayudó a tomar una difícil decisión.

Con el tiempo recuperó el favor del público y el status en Hollywood gracias a sus espléndidas interpretaciones a las órdenes de los mejores directores de la historia del cine. El pasado 29 de agosto se cumplieron 100 años de su nacimiento, y lo que hoy perdura en el recuerdo son esos personajes a los que dio vida en una pantalla o sobre las tablas de un teatro. Como ese “ángel” que entró en un garito lleno de humo, whisky y música en Casablanca, una noche de diciembre de 1941…