Sigo encontrándome no pocos directivos, CEO’s y presidentes de empresas, corporaciones e instituciones para quienes incluir la Comunicación dentro de su proyecto empresarial se reduce a una presencia online basada en la existencia de una página web corporativa, más o menos moderna, más o menos vistosa, o a atender cuando no a practicar la evitación de las ofertas y propuestas comerciales de los medios de comunicación y, en algunos casos, destinar una partida presupuestaria menor para algún trabajo puntual de diseño muy directamente relacionado con el lanzamiento de un producto o la imagen de un patrocinio respuesta a un compromiso.

No les hablaré esta vez del nuevo paradigma y la competencia atroz en “la aldea global”, que son ya por si mismos argumentos objetivos irrebatibles y demoledores para cuestionar tan pacato concepto de la Comunicación. No les saldré otra vez con la cantinela de que la estrategia de negocio no puede sobrevivir sin considerar la necesidad de saber comunicar hasta el punto de que en la mayoría de negocios, para la mayoría de empresas y sus marcas, la Comunicación es directamente la Estrategia. Esta vez no voy a hablar de planificación tampoco…

Sí que les voy a hablar de Posicionamiento. Algo que va más allá de hablar para que sepan que existes o contar para evitar que otros hablen por ti y puedan decir precisamente lo que no te conviene o sembrar tu día a día de rumores, que flaco favor hacen a tu reputación, justo ahora, cuando precisamente la confianza es lo único que convence y que se ha convertido en un valor al alza que vence, pues vende.

Trabajar el posicionamiento requiere de un trabajo pormenorizado, concienzudo, convencido y convincente de la Comunicación. Estar bien posicionado no es el resultado de la improvisación ni de la suerte, es la lógica consecuencia de tomarse en serio eso de Comunicar, para que, cuando a nuestros hipotéticos clientes les surja una necesidad de un servicio o de un producto, nuestro nombre, nuestra marca, nuestros valores, nuestros productos y servicios, sean los primeros del ranking mental en el cerebro de los consumidores. Y para ello, nos tienen que ver, leer, conocer, acceder, perpetrar, diseccionar, necesitan dialogar, consultar,… Y sepan ustedes, que esa opinión, su opinión es además prescripción para otro. Y que esta opinión es para la sociedad de hoy, una especie de Vademecum sagrado. Todo eso es posible gracias a la Comunicación y a sus herramientas cuando se ponen a funcionar y a servir de manera eficiente y eficaz con el apoyo de aquellos que dirigen las empresas y toman las decisiones más importantes y estratégicas, porque las Marcas, realmente, ya las poseen y dirigen los consumidores.

¿Aún con dudas sobre la necesidad de comunicar?