Odio dos frases: ‘Estoy cansado’ y ‘¡Qué calor hacer!’. Sé que la lista de enemigos a este cronista acaba de ampliarse.

Cada uno aguante los grados de su cuerpo o de la temperatura ambiente. Pero respecto al cansancio permítanme darles un consejo: No lo cuenten y no lo pregonen.

Cada uno somos únicos y singulares. Cuando uno llega a casa y se encuentra la frase ‘¿Qué tal el día?’ la peor contestación para comenzar una noche es ‘muy cansado’. Al final, frases como esta, es lo que nos convierte en cero únicos y cero singulares.

Les daré un regalo que pocos saben y que es uno de los éxitos de la humanidad: aprendan a amar cansados. No hace falta que me den las gracias por este regalo.

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