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Me ha sorprendido el informe anual de Amnistía Internacional al advertir de la falta de libertad de expresión en España. Shetty, su secretario general, no sabe de dónde venimos y donde estamos a la hora de haber hecho tales declaraciones.

En nuestra querida España cada uno decimos lo que nos da la gana. Las líneas rojas (ahora que están tan de moda) son anaranjadas. Vale todo a la hora de opinar. Cambiamos el término y así aliviamos la gravedad (interrupción se llama ahora). El que quiere ser vicepresidente toma el nombre del Papa en vano o unos “pobres titiriteros” hacen un teatrillo donde la sátira permite jugar con lo que hicieron unos asesinos que han destrozado mil familias en este país.

Shetty y Esteban Beltrán (director de Amnistía Internacional en España) saben de mi libertad de expresión si  escribo que su informe, en mi humilde opinión, se parece bastante al papel higiénico ya utilizado y que los mencionados titiriteros más allá de ser unos pobres artistas son unos auténticos miserables.

Salil Shetty cree que la culpable de todos los males es la ley mordaza. Cohibe el derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica. El “vale todo” con los cuerpos de seguridad del Estado no se permite en ninguna parte del mundo. Oiga, y aquí tampoco.