Llega de nuevo a nuestras vidas -tras la epopeya Griega- lo mejor de la tragicomedia independentista. Por fin ha podido respirar Don Arturo, ya dispone del espacio en los periódicos necesario para atormentarnos con sus chaladuras, amenazas y espectáculos soberanistas, protagonismo que, hasta la fecha, le birlaba el Señor Tsipras.

Pujol y Mas

Es tedioso, aburrido y pesado. El artículo 15 de nuestra Carta Magna especifica: “Todos los españoles tenemos derecho a la vida sin que, en ningún caso, podamos ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”…, que es, precisamente, a lo que nos somete periódicamente este señor.

Considero obligación de nuestro actual gobierno inhabilitarlo para cargo público o que lo destierren a la isla de Elba, ya que se va adueñar de nuestro periodo vacacional.

No es justo, sarcasmos al margen, que, periódicamente, este individuo se permita -planificada y premeditadamente- acongojar y preocupar a los ciudadanos de este país con sus juegos y delirios, perjudicándonos económicamente a todos y buscando una confrontación que no queremos.