«La crisis multifactorial requiere medidas de apoyo para la cadena agroalimentaria»

Felipe Medina, Secretario General Técnico de la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados, cuenta con más de 15 años de experiencia en el sector agroalimentario de España y la Unión Europea. Actualmente la cadena alimentaria hace frente a numerosas dificultades y obstáculos derivados del incremento de los precios y la guerra en Ucrania. En esta entrevista, nos acerca al sector agroalimentario español, destacando la importancia y el impacto que tiene en nuestro día a día.

Una cadena y muchos frentes

Entre el cambio climático, la guerra en Ucrania, los elevados costes de energía y transporte… Menuda prueba de estrés para la cadena alimentaria. 

Pues sí, a finales de 2021 se hablaba de tormenta perfecta y creo que hace bastantes meses que ese término se ha quedado pequeño. Desde el verano pasado, el sector arrastraba unos incrementos de precios de las materias primas que tenía muy preocupado sobre todo al sector ganadero. A eso se ha sumado el incremento de los precios de la energía, de los combustibles y, además, la invasión de Rusia a Ucrania, que es el granero de Europa. Esto último ha puesto los precios de las materias primas en máximos históricos. Es un test de esfuerzo para la cadena agroalimentaria, sobre todo para un país como España altamente dependiente de materias primas agrícolas para alimentación animal y producción de carne. 

¿Has temido alguna vez, en plena crisis sanitaria, el desabastecimiento? 

Durante la pandemia no. Hubo unos primeros días difíciles por el miedo de la gente, que provocó un incremento sin precedentes de la demanda y un cambio rapidísimo de los hábitos de consumo de los clientes. La cadena reaccionó en tiempo récord y se comprobó que el acceso a productos básicos de alimentación no iba a ser un problema en esta crisis. Esto fue por la gran labor de la cadena agroalimentario y también ayudó que el sector se consideró esencial, lo que nos facilitó la toma de decisiones para garantizar al acceso a la alimentación de los españoles. Este sector es de extrema importancia. Lo hemos vivido con el reciente paro de transporte donde sí se han llegado a producir faltas de productos en los lineales. Así, hemos trasladado al Gobierno la necesidad de regular los sectores esenciales para garantizar, entre otras cosas, la libre circulación de trabajadores del sector y los productos de primera necesidad.

Se comprobó que el acceso a productos básicos de alimentación no sería un problema durante la crisis sanitaria.

Felipe Medina sobre el papel del sector agroalimentario durante la pandemia.

Desde la producción hasta el lineal

Por situarnos brevemente ¿Qué proceso lleva un producto antes de verlos en el lineal? ¿Por qué fase transita? 

Muchas de las noticias sobre el sector agroalimentario que llegan a los medios de comunicación tienen connotaciones negativas, pero entre todos debemos trabajar para que el consumidor sea consciente del gran trabajo que hay detrás, de colaboración existente entre los diferentes eslabones de la cadena y de la inmensa suerte que tiene de encontrar cada día productos frescos, de calidad y a precios competitivos muy cerca de su casa. En el caso de la producción vegetal, durante años se invierte para buscar semillas que respondan a las necesidades de los consumidores. Esta labor de los obtentores es muy importante y se refleja en los cultivos que siguen criterios de eficiencia agraria y de servicio al consumidor, al responder a lo
que éste demanda. Posteriormente, el tratamiento de estos productos, ya sea a través de su manufactura en la industria alimentaria o de su preparación para la venta, tiene en cuenta la garantía de las normas de seguridad alimentaria o el cumplimiento de criterios medioambientales en su tratamiento logístico, entre otros. Que los consumidores tengamos todos los días productos en las mejores condiciones tiene un coste que se refleja en el precio. Éste trata de remunerar a todos los eslabones que intervienen. No hay un exceso de intermediarios, lo que hay son numerosas tareas de las que el consumidor muchas veces no es consciente. 

Retos y precio final

A toda esta cadena de tiempo récord se le suma una ola inflacionista. ¿Qué margen tienen los supermercados para fijar los precios siendo el último eslabón de la distribución comercial? 

Contamos con la experiencia acumulada de la crisis económica de 2008, cuando vivimos como el consumidor en poco tiempo tuvo mucha menos disponibilidad de dinero para adquirir productos de alimentación. Eso obligó a transformar y adaptar la oferta a los consumidores en todas las empresas de la distribución. Estábamos recuperándonos cuando nos llegó la pandemia y, ahora, la guerra de Ucrania. Por eso, reclamamos al gobierno medidas para que el consumo alimentario no se vea afectado negativamente. Los factores de producción que intervienen en la cadena agroalimentaria están todos en máximos históricos: energía, combustible, materias primas agrícolas… Hay un incremento de costes de en torno al 40% en origen y los consumidores están sufriendo incrementos del 10%, es decir, la cadena está haciendo un esfuerzo brutal para que el consumidor lo note lo menos y lo más tarde posible.  

No hay un exceso de intermediarios, lo que hay son numerosas tareas de las que el consumidor muchas veces no es consciente. 

Para todo ello estáis haciendo un proceso prácticamente quirúrgico de optimización de procesos, apuesta por la economía circular, formación de los trabajadores… y todo ello para ofrecer un producto al mejor precio, que no el más barato. ¿Es suficiente o hay poco margen de maniobra? 

A toda esta situación de costes que hemos definido se han sumado todas las iniciativas regulatorias para avanzar hacia una mayor sostenibilidad medioambiental. Esas iniciativas requieren inversiones. Quizás haya que repensar el calendario de determinadas ambiciones ambientales -especialmente en el aspecto fiscal- que incrementan los costes a lo largo de la cadena, para así relajar la situación inflacionista que tenemos ahora mismo con los precios de alimentación. El Green Deal intenta que todos los sectores económicos avancen en materia de sostenibilidad para cumplir los acuerdos que la Unión Europea está asumiendo para la lucha contra el cambio climático. Pero dada la situación y una guerra a veinte kilómetros de las fronteras, estamos pidiendo mucha moderación para entre todos afrontar esta situación.  

En definitiva, no son menores los retos pendientes. La red de supermercados es un eje de vertebración del territorio casi al mismo nivel que los centros educativos y los centros de salud. ¿Cómo afrontáis el reto de evolución demográfica, la apuesta por la proximidad? 

Lo afrontamos desde la bandera de la proximidad. Las empresas de distribución están en posición de contribuir a frenar el proceso de despoblamiento que sufre la sociedad. Cada vez menos personas viven en las zonas rurales y más en las zonas urbanas, pero esa red de empresas de distribución alimentaria con más de 23.000 puntos de ventas repartidas por todo el territorio garantiza el acceso a la alimentación de todos los españoles vivan donde vivan. No tenemos en España los llamados desiertos alimentarios que hay en otros países desarrollados. Además, la gran competitividad que hay en el sector hace que muchas empresas de distribución hayan identificado los municipios pequeños como una manera de ser competitivos y beneficiar al consumidor. Esto hay que hacerlo al tiempo que se responde a las necesidades de conveniencia en las ciudades, de manera que estas empresas están contribuyendo al equilibrio entre lo rural y lo urbano. 

El impacto en el medioambiente

Igualmente, ser eficiente medioambientalmente también tiene un impacto en la cuenta de resultados. ¿Sobre qué mínimos y hacía que máximos afrontáis el reto de la sostenibilidad? 

Siempre pedimos al gobierno y a Bruselas que, sin renunciar a perseguir la sostenibilidad, se consigan normas que den flexibilidad para permitir que las empresas busquen la manera de encajar el cumplimiento de esos objetivos comunes en sus modelos de producción. Lo otro que pedimos es sentido común, no podemos poner en riesgo una máxima que es la seguridad alimentaria en aras de mejorar el medioambiente.  

La transformación digital

En todo esto, ¿Es un aliado la transformación digital? 

Los dos grandes pilares del Green Deal son la sostenibilidad y la transformación digital. Después de la pandemia se ha incluido la revisión de la política industrial y el concepto de los “14 ecosistemas estratégicos para Europa”. Estamos muy contentos porque dos de ellos son la agroalimentación y la distribución. La transformación digital está marcando la distribución de fondos Next Generation, siendo España el segundo país que más va a recibir. Estos fondos son un préstamo que se le ha pedido a las próximas generaciones europeas a cambio de devolverles una sociedad más verde, más digital y menos dependiente de la importación de productos estratégicos. Esto va a tener un impacto sobre el consumo y el funcionamiento empresarial, poniendo la transformación digital al servicio de los consumidores. Eso sí, hay que hacerlo sin impactar más en el medio ambiente y sin dejar a nadie atrás.

Una sociedad más verde, más digital y menos dependiente de la importación de productos estratégicos.

Por tanto, para la empresa queda claro que también va a tener un impacto importante en los consumidores ¿cierto? 

Tendrá el impacto que los consumidores quieran. Nosotros trataremos de responder a esas nuevas necesidades y demandas de los consumidores de la mejor forma posible. Pasó durante la pandemia, en la que veníamos de un porcentaje de ventas del canal online de alimentación muy baja. Los consumidores vieron en ese momento una ventaja adicional a este canal siguiendo la recomendación “quédate en casa”. Muchos rompieron esa barrera tecnológica de empezar a comprar alimentos a través del canal online, y el 80-90% de ellos permanece en ella a día de hoy. No como consumidores únicos, sino como consumidores mixtos que alternan la compra online con la compra física, que sigue siendo el canal preferido.  

Alérgenos e intolerantes

Por último, ¿Cómo se está avanzando en la política de la información y transparencia a los consumidores? 

Se está avanzando mucho. El hito fundamental fue la aprobación del reglamento 1169/2011 en Bruselas que obligó a los fabricantes de alimentos a identificar la composición de todos los ingredientes que llevan los productos para garantizar que cualquier consumidor con una intolerancia o alergia sea consciente del producto que compra. A partir de ahí, nuestra percepción es que, en parte, se ha dejado de lado la opinión de los expertos que saben realmente de nutrición. El intento simplificar la nutrición humana en una etiqueta con unas características determinadas no deja de ser una foto parcial de la composición de un alimento completo. Somos bastante escépticos respecto a la capacidad de los logos y sellos para simplificar todo lo que hay detrás de la composición de los alimentos. Por ejemplo, pensamos que es importante tener en cuenta la cantidad de la ingesta y también los hábitos de vida saludables en su conjunto.

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