'Soy yo, la Inocentada'. Esa que llora por los rincones con la llegada de la verdad alternativa, las fakes news. No soy actualidad.

‘Soy yo, la Inocentada’

Querido Lector, lectora. Desde 1891, cuando Mariano de Cavia anunció la destrucción del Museo Del Prado, soy un habitual en los medios de comunicación cada 28 de diciembre. He anunciado la venta de la Cibeles, el fichaje de Di Stéfano por el Barça; o como anunciaba el año pasado Extradigital, que el himno de Rocío se iba a convertir en el oficial de Andalucía.

Han sido mañanas de primera sorpresa para dar el paso a las risas, aunque a veces suene a broma pesada. Pero desde que aparecieron la ‘verdad alternativa’ y las ‘fakes news’, mis noticias ya han dejado de tener gracia, ni puta gracia. El fenómeno del clikbait, la opinión a años luz de distancia de la información; el ‘sin filtro’ por encima del contexto. Titulares que nada tienen que ver con el texto, y menos con la realidad. Y así todos los días, incluido el 28 de diciembre. Todo esto ha acabado conmigo, la audiencia se ha cansado de mí. Me he hecho cotidiano, he perdido actualidad.

Y así estoy, en depresión. En mala hora, soy el torero al otro lado del telón de acero. Me siento como cuando el Maqui Navajas (Andrés Pajares) entró a robar en el banco y tras dos disparos al aire nadie le hacía caso. «Qué pesao», le decían. La realidad ha superado a la licencia creativa de los medios de comunicación. Nadie se cree nada.

Por eso no se dejen engañar hoy. Que nadie utilice mi nombre en vano. Aunque parezca una broma, los niños siguen muriendo en Gaza ‘al ladito’ de donde nació Jesús. Que en Ucrania va a ser el mismo frío que el año pasado y allí sigue la guerra, y la invasión. De la misma manera, el Congreso no debe ser la casa del insulto, tampoco del indulto. Por un día, rebélate. No seas ‘Inocente, Inocente’.

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