La periodista Silvia Tineo explora cómo se produce este fenómeno, cuáles son sus consecuencias y qué podemos hacer.

Redes sociales, desinformación y fakes news. Por Silvia Tineo.

Las redes sociales se han convertido en una fuente de información para millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, también pueden ser utilizadas como fakes para manipular la opinión pública, difundir noticias falsas o sesgadas, y generar polarización y odio. De hecho, la UNESCO ha presentado recientemente un plan de regulación que pretende evitar la propagación de noticias falsas en estas plataformas sociales.

En este artículo vamos a explorar cómo se produce este fenómeno, cuáles son sus consecuencias y qué podemos hacer, como usuarios, para detectar y combatir la desinformación y para fomentar el pensamiento crítico y el diálogo.

¿Qué son las fake news y la desinformación?

Las fake news son noticias que no tienen una base factual, que se inventan o se distorsionan con fines maliciosos o interesados. La desinformación es el proceso de difundir estas noticias falsas o engañosas, ya sea de forma intencionada o involuntaria, para influir en las creencias, las actitudes o las conductas de las personas.

Las redes sociales facilitan la propagación de las fake news y la desinformación, ya que permiten que cualquier persona pueda crear y compartir contenidos con una audiencia potencialmente masiva, sin pasar por los filtros de verificación y calidad que tienen los medios de comunicación tradicionales. Además, las redes sociales se basan en algoritmos que muestran a los usuarios los contenidos que más les interesan o les gustan, lo que puede crear una burbuja informativa que refuerza sus prejuicios y les aísla de otras perspectivas.

¿Qué efectos tiene la desinformación en la sociedad?

La desinformación puede tener efectos muy negativos en la sociedad, como los siguientes:

  • Desconfianza en las instituciones y en los medios de comunicación. La desinformación puede erosionar la credibilidad y la autoridad de las fuentes de información oficiales o profesionales, y generar además una sensación de escepticismo o cinismo hacia la información en general. Esto genera un riesgo de desestabilización democrática.
  • Polarización y radicalización. La desinformación puede alimentar la división y el enfrentamiento entre grupos sociales, políticos o ideológicos, y favorecer la aparición de discursos extremistas o violentos, que se aprovechan del descontento y del miedo de la población.
  • Riesgo de violación de los derechos humanos. La desinformación puede atentar contra los derechos humanos, al difundir discursos de odio, de discriminación, o de violencia contra determinados grupos sociales, étnicos, religiosos o de género. La desinformación puede fomentar la intolerancia, el racismo, la xenofobia, la homofobia, o el machismo, y generar situaciones de acoso, de agresión o de exclusión social.
  • Riesgo de deterioro de la salud pública. También puede poner en peligro la salud pública, al difundir información falsa o errónea sobre temas como las vacunas, las enfermedades o los tratamientos médicos. La desinformación puede provocar que las personas rechacen las medidas sanitarias, que se automediquen, que se expongan a riesgos innecesarios o que contagien a otras personas.
  • Riesgo de daño al medio ambiente. La desinformación puede impedir la acción contra el cambio climático, al negar o minimizar la evidencia científica sobre sus causas y sus consecuencias, o al promover soluciones ineficaces o perjudiciales. Puede generar una falta de conciencia y de compromiso con la protección del medio ambiente y favorecer el consumo irresponsable, la contaminación o la destrucción de los recursos naturales.
¿Cómo detectar y combatir la desinformación?

Para evitar caer en la trampa de la desinformación, es importante desarrollar un pensamiento crítico y una actitud responsable a la hora de consumir y compartir información en las redes sociales. Algunos consejos que podemos seguir son:

  • Verificar la fuente. Antes de confiar en una noticia, hay que comprobar quién la ha publicado, qué credibilidad tiene, qué intereses puede tener quien la está difundiendo y si se trata de una fuente original o de una reproducción de otra.
  • Contrastar la información. Antes de creer en una noticia, hay que buscar otras fuentes que la confirmen o la desmientan, preferiblemente fuentes independientes, plurales y especializadas.
  • Analizar el contenido. Debemos examinar su lenguaje, su tono, su estructura, su coherencia, su lógica y su evidencia. Hay que estar atentos a posibles signos de manipulación, como las emociones, las generalizaciones, las falacias, las omisiones o las distorsiones.
  • Consultar a los expertos. Antes de difundir una noticia, hay que consultar a los expertos en el tema, ya sean académicos, periodistas, científicos o instituciones. Hay que tener en cuenta que los expertos pueden tener opiniones diferentes, pero se basan en datos y argumentos sólidos.
  • Corregir los errores. Si nos damos cuenta de que hemos compartido una noticia falsa o engañosa, hay que reconocer nuestro error, borrar o editar nuestra publicación y avisar a las personas que la hayan visto o comentado.
¿Cómo fomentar el diálogo y la convivencia en las redes sociales?

Para promover una cultura de respeto y de tolerancia en las redes sociales, es importante practicar una comunicación constructiva y positiva con los demás usuarios. Algunas pautas que pueden ayudar en este sentido son las siguientes:

  • Escuchar con atención. Hay que prestar atención a lo que dicen los demás, sin interrumpir, sin juzgar, y sin descalificar. Hay que intentar comprender su punto de vista, sus motivos y sus sentimientos.
  • Expresar con claridad. Debemos expresar nuestra opinión, nuestros argumentos y nuestras emociones con un lenguaje sencillo, directo y respetuoso, evitando los insultos, las ironías, las amenazas o las provocaciones.
  • Reconocer la diversidad. Hay que aceptar que las personas pueden tener opiniones diferentes a las nuestras, y que eso no las hace mejores ni peores. Hay que valorar la diversidad como una fuente de enriquecimiento y de aprendizaje.
  • Buscar el consenso. Podemos buscar puntos de encuentro, de acuerdo o de colaboración con los demás, en lugar de centrarnos en las diferencias o los conflictos. Hay que ser flexibles, abiertos y estar dispuestos a ceder o a cambiar de opinión si es necesario.
Conclusión

Las redes sociales son una herramienta poderosa para informarnos, comunicarnos, y participar en la sociedad. Sin embargo, también pueden ser utilizadas para desinformarnos, manipularnos y enfrentarnos. Por eso, es fundamental que seamos conscientes de los riesgos y los desafíos que plantean y que adoptemos una actitud crítica y responsable a la hora de usarlas. Así, podremos aprovechar sus beneficios, y contribuir a crear una sociedad más informada, más dialogante, y más democrática.

Silvia Tineo es periodista y consultora de comunicación en Grayling España. 

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