El periodista Francisco Gallardo combina los nuevos relatos audiovisuales y social media con la tauromaquia. Toreo clásico y distopía.

Consejo Audiovisual y tauromaquia. Por Francisco Gallardo.

El pasado 30 de septiembre el Consejo Audiviosual de AndalucÌa celebraba un foro sobre medios audiovisuales, redes sociales y tauromaquia. Unos días después de que se presentara en el Festival Internacional de Cine de Venecia la pelÌcula Dune, una super exitosa cinta de ciencia ficción dirigida por un canadiense y financiada por las productoras Warner Bros y Legendary. Una pelÌcula que sorprende en sus comienzos por la serie de claves taurinas que presenta a los espectadores y que, en principio, poco tienen que ver con el desarrollo del argumento.

En la Sala Helvetia, en la collación de la Maestranza sevillana, medio centenar de profesionales interesados se preguntaba por el tratamiento de la información relacionada con la tauromaquia, un arte que en aquel encuentro no se cuestionó que forma parte de nuestro patrimonio cultural y conforma una de las particularísimas señas de nuestra identidad. Quedó asentado que así lo reconocen diferentes normas, y contundentemente se acudía a la Ley 18/2013 de 12 de noviembre que regula la tauromaquia como patrimonio cultural.

En aquellas fechas la película a la que aludo había recaudado en tres semanas más de 100 millones de dólares en todo el mundo, sin incluir los ingresos que producirán EEUU y China donde en ambos países se espera un grandísimo éxito a partir de su estreno este mismo viernes 22 de octubre.

Se trata de una coproducción internacional de Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Hungría, y constituye la primera entrega de dos pelÌculas basada en una nueva versión «revisada pero fiel» de la novela homónima que publicó Frank Herbert en 1965: «una de las historias de ciencia ficción más influyentes del siglo XX», amplia, compleja y llena de matices.

La Casa de los Atreides, una de las grandes del Imperio del Universo Conocido, que tiene su feudo en el planeta Caladan y destaca por su nobleza de espÌritu, su proverbial justicia y virtud hacia su pueblo, recibe del Gran Emperador la orden de trasladarse y ocupar el planeta Arrakis, también conocido como Dune, y sustituir asÌ a los miembros de la familia Harkonen, sus anteriores gestores.

Y ya, en plena mudanza de los Atreides, el director Denis Villeneuve introduce en el metraje sorprendentes elementos directamente relacionados con la tauromaquia: un conjunto escultórico de sobremesa con la figura de un torero con su muleta ante un astado, una cabeza de toro colgada de la pared y el retrato cl·sico de un hombre vestido con traje de luces.

Pero, ¿de dónde salen todas estas imágenes si estamos en el año 10.191?. Solamente un par de pistas sirven para hacer entender que el torero retratado es «el Viejo Duque», gobernador de Caladan, que ya no vive porque es el actual líder del planeta quien recuerda a su hijo y heredero la «afición a organizar corridas» de su abuelo, y lo hace cuando visitan su túmulo funerario. Y otra pista: una breve escena en la que el joven protagonista Paul Atreides muestra su fascinación y ensoñamiento ante el bronce de sobremesa que, como digo, sorprende al comienzo de la cinta.

Al margen de apuntar aquí que el planeta donde se centra la acción (que «pudo ser un vergel y se queda en desierto por interés económico») es el único lugar del espacio productor de la muy valorada «Especia», combustible fundamental para que funcionen las naves interplanetarias de todo el Imperio; que la historia responde a una intrincada trampa de un emperador deseoso de acabar con los Atreides; y además, claro, del entrañable recuerdo a la firma sevillana Arrakis, ya extinguida, una de los grandes de Internet en la década española de los 90… Al margen de todo ello, digo, podemos añadir también que la historia taurómaca de la película ahÌ se queda, a medias, sin que se entienda en su verdadera dimensión.

Y como no se ha entendido, el debate hace dÌas que se libra en las redes sociales donde se multiplican las actitudes en pro y en contra de los toros. Y, ante ello, buena parte de la crÌtica cinematográfica profesional se apunta al bando «polÍticamente correcto» y apuesta por la desaparición de los detalles taurinos en la segunda parte, la nueva pelÌcula que el director Villeneuve anuncia que podrÌa comenzar a rodar en 2022.

«Dune está escrito por un fascista adorador de los toros y abiertamente homofóbico!», opina @Cassandra_Lykai. «Lo millor de dune: els toros», comenta @alvilalt. Y @lideando: «Necesito que alguien me explique qué pinta en #Dune el cuadro embrujado de Paquirri, cosas de toros (…). Solo faltaba Isabel, Isabel Pantoja.» Y el siguiente, de @crisy862: «Necesito que una alma caritativa me explique lo de los toros en #Dune. Osea? what? No entiendo tanta referencia».

Ya hemos referido que en el foro convocado por el Consejo Audiovisual se consideraba la tauromaquia un área fundamental e integrante del patrimonio cultural de Andalucía, y que muy probablemente es llegado el momento de analizar el tratamiento de tal consideración por los medios audiovisuales andaluces, y la evolución constatada en los últimos años de la comunicación taurina.

Surgían en la sala cuestiones, ¿es tratada la Fiesta por los medios como corresponde? ¿Miedo a los antitaurinos? ¿Temor a perder audiencias? ¿Cómo tratan los medios el futuro de la tauromaquia?. Se partÍa de la idea de que sin toros no hay dehesas, y sin dehesas no hay AndalucÌa. Se mencionaba el millar de chavales andaluces que cada tarde acuden a una de las 26 escuelas para aprender a torear. ¿Qué espacios informativos ocupan estas historias en las televisiones y radios públicas, privadas, municipales de nuestra Comunidad Autónoma? ¿Han desbancado las redes a los medios en este tipo de información? ¿Hay constancia de ello, tenemos datos, estadísticas, análisis?.

Es posiblemente en estas últimas líneas donde queda señalada la principal conclusión del foro celebrado en el Paseo de Colón. Y en absoluto de ello se desprende que sea el Consejo Audivisual quien tenga que promover o dejar de promover la fiesta de los toros, que sus consejeros se conviertan en organizadores de aburridos debates toros sÌ/toros no. Que tenga la institución que enfrentarse al dilema fundamental entre Ètica de la convicción y Ètica de la responsabilidad, que sea el Consejo quien analice sobre las contradicciones de los sistemas de valores dentro de los cuales se mueve nuestra civilización. Para eso están los polÌticos que elige el pueblo, para hacer cumplir las leyes o, en su caso, para cambiarlas. Pero es cierto que para actuar, la sociedad en su conjunto y desde luego las personas que nos gobiernan requieren de datos, de análisis evolutivos, de conocimientos concretos y elementos de observatorio que faciliten una radiografía real de la cuestión.

No puedo dejar sobre la arena los dos últimos pases que vienen a rematar mi faena. Uno, que en la facultad lo primero que nos enseñan es que una media verdad es igual a una gran mentira. Y recuerdo de la obra original de Dune lo que no sale en la pelÌcula: que el «el Viejo Duque» no fue muerto por un toro sino asesinado por un monstruo. VÌctima de una maquiavélica operación, su mujer, Helena, lo traicionó impidiendo que el animal actuara como se esperaba, con los atributos suficientes para gozar del toreo de verdad, con nobleza y con bravura. Muy al contrario Paulus Atreides se enfrentó a un ser infernal de imposible lidia, que no vino de frente y por derecho, una bestia que le corneó por la espalda y cuya cabeza preside desde entonces el salón principal de la Casa Atreides.

Como una suerte suprema, finalizo mi argumento recordando el texto definitorio de nuestro Consejo Audiovisual porque pienso que viene muy a cuento: que es una institución propia de sociedades democráticas avanzadas, encomendada a lograr un sistema de radio y televisión libre, plural, responsable y respetuoso con los derechos de los ciudadanos. Que es la autoridad independiente que regula el sector audiovisual de AndalucÌa y su cometido consiste en velar para que los medios audiovisuales cumplan con los derechos y libertades reconocidos en la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Que cumplan la normativa vigente y adecuen sus contenidos a la protección de los derechos básicos de la ciudadanía y el respeto hacia las culturas mayoritarias y minoritarias.

Y, con respecto a la media verdad de nuestra película, aunque ciertamente la supervisión de los contenidos cinematográficos escapa de las funciones del Consejo, bueno sería que los constatara cuando surjan grandes producciones que ofrecan a millones de espectadores asuntos tan íntimamente relacionados con nuestro patrimonio cultural y nuestra seña de identidad. Sobre todo porque su voz puede ser escuchada ya que forma parte de la asociación que reúne a los 52 organismos reguladores del audiovisual que existen en Europa.

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