«La desinformación es el gran problema que tienen las democracias del siglo XXI»

Hoy tenemos la oportunidad de entrevistar al Doctor en Periodismo Ignacio Jiménez Soler, sobre su último libro “La nueva desinformación. Veinte ensayos breves contra la manipulación”. Un libro que reflexión sobre cómo la tecnología ha impactado en la sociedad, las instituciones, empresas y en la vida diaria de las personas. Un ejercicio de llamada de atención para que no sucumbamos en este nuevo dorado. Además. Ignacio Soler es el DIRCOM de Endesa, por lo que nos va a contar también cómo pone en la práctica su manera de ver la gestión profesional de la información en una gran empresa. 

La desinformación ha existido siempre, ¿Por qué ahora es capaz de definir a una época?

Es por la velocidad y el conocimiento exponencial que ha tenido en los últimos años debido al crecimiento de las tecnologías de la información. Y especialmente a la proliferación de las identidades digitales, que bien de forma de orgánica o personal ha industrializado el proceso de la desinformación. Esto permite que cualquier consigna que se pueda distribuir por la suma automatizada de estos perfiles llegue rápido y genere corrientes ficticias de opinión o de crítica hacia determinados temas. Eso acaba intoxicando la realidad informativa a la que tenemos acceso la ciudadanía. Genera mucho ruido para determinar si es algo es real o no real, verídico o no, si la fuente es de confianza. E Incluso si podemos pedirle responsabilidades. Esto es lo que define la época actual respecto a la historia. Desde los primeros escritos se aluden a la artimañas del engaño para ganar guerras, desestabilizar núcleos de poder. Y siempre ha estado ahí pero los procesos eran más lentos y los cambios que generaban tardaban muchos años en producirse. Ahora todo eso se consigue en minutos o días.

¿Cómo reconocer lo que es información de lo que no es? ¿Cómo definiría ambas?

La desinformación es un problema crónico, es imposible ya doblegarla. Es inabarcable en cantidad, no somo capaces de acotar el cuánto hay. Pero si podemos paliar los efectos o añadir herramientas que nos ayude a frenar o eliminar parcialmente las consignas de la desinformación. Y tenemos que empezar por la responsabilidad personal, tenemos que plantearnos seriamente estar bien informados. El nivel de impactos y acceso a la información es tan amplio que es muy complicado hacerte paso entre toda la amalgama de consignas. Y encima muchas de ellas tienen el objetivo de generar descrédito de algo, alguien, una empresa o el gobierno.

Otro elemento para combatir a reducir o propagar la desinformación es evitar su distribución. También aprovechar la tecnología para identificar con el tiempo la veracidad de la información. Hablo de tecnología blockchain por poner un caso, nos puede ayudar a determinar lo que viene de fuentes fiables o no. La suma de varios elementos nos va a permitir sin bien no acabar con el fenómeno, sí mantenerlo a raya. 

La mentira y la manipulación han entrado en escena como un arma masiva que en su peor versión actúa quirúrgicamente para desestabilizar la geopolítica, economía, empresas e incluso la vida personal. Para hacerlo evidente, ¿Puede poner algunos ejemplos?

Desgraciadamente hay muchísimos ejemplos. Los hay muy conocidos donde hemos visto que el patronaje de herramientas de diseminación de consignas falsas, inventadas y el contenido con sesgo intencionado. Hay que diferenciar también en esto, pues la falsas puede refutarlas, pero las inventadas al estar fuera de la realidad es imposible. En los últimos cinco años podemos citar varios procesos informativos intoxicados por la desinformación. Como el proceso de paz de Colombia, el Brexit o el proceso independentista de Cataluña. Y también en sectores industriales como la cuestión eléctrica con patrones desinformativos muy marcados. Doy un dato: desde el 1 de enero al 30 de junio de este año, el 4,2 % de los perfiles con comportamiento anómalo generaron más del 52% del ruido crítico por el tema eléctrico.

Es un indicador muy claro de que hay modus operandi de desestabilización y automatización para generar un estado de opinión contrario al sector en España. Luego todo este ruido acaba reflejándose en la agenda de los medios. 

Una riesgo que aunque virtual, es muy real …

Nada ni nadie está a salvo, ni persona o institución, pues estos servicios se pueden contratar con agencias especializadas para que a la carta puedas desestabilizar o provocar un caldo de cultivo contra alguien. Es un tema muy grave al que hay que poner coto y medios, porque se puede identificar con el software adecuado para saber dónde están los nodos de desestabilización y de emisión de consignas falsas. Más es complicado es dar en la vida real quién es la persona o empresa que está detrás de toda esa campaña, quien tiene la autoría intelectual.  

Es decir, hay “sicarios digitales” a los que se puede contratar para disparar con desinformación utilizando la bala certera del algoritmo …

Absolutamente. Hay algunas publicaciones de estos llamados “activistas del descrédito digital” reconvertidos al ‘lado bueno’ donde explican de manera clara cómo funciona toda esta maquinaria de la mentira y la invención. Hay una industria de la desinformación que hace mucho más complejo el problema. La desinformación es el gran problema que tienen las democracias del siglo XXI. 

Tiene varios aliados y consignas esta guerra cultural: influencers, el clickbait, el ilusionismo como filosofía para triunfar en el mercado de la atención, anteponer la opinión al criterio …

La opinión pública es algo que siempre está ahí siempre pero que es muy difícil de sistematizar. Casi en exclusiva encontraba su reflejo con la intermediación de los medios de comunicación tradicionales, hacía una tematización de la realidad con una jerarquía de asuntos de actualidad. También había pocas posibilidades de interacción salvo elementos como las cartas al director. Sin embargo, ahora es muy fácil hacer mediante scroll en cualquier soporte o plataforma, como Instagram o Tik Tok, hacer un repaso somero de lo que acontece pero reducido a lo básico, muy plano, encasillado en nuestro propio sesgo. Porque el argoritmo lo que viene a reforzar son nuestros propios sesgos,  nos muestra esa falsa realidad en función de nuestros gustos y lo que seguimos. Y una vez que tenemos empaquetado lo que queremos leer es fácil compartir ayudando a diseminar estas consignas. Por eso es importante la responsabilidad personal para que seamos conscientes de que somos peones para distribuir contenidos falsos.

Es decir, nos ilusionan o enfurecen para pensar de una manera; comprar unos bienes, productos, servicios en vez de otros; que confiemos o no en una empresa, y determinan nuestros hábitos y formas de vida. Y todo ello en medio de la “dictadura feliz del algoritmo”. Hábleme de la importancia de este nuevo “alfabeto binario del siglo XXI” … 

La abundancia de contenidos en torno a un tema o personaje no surge de la nada. Los algoritmos se tocan y cambian en función de un determinado criterio. Quien tiene el canal, los dueños de la plataforma, puede influir e influyen en los criterios de búsqueda sobre aquellos que capta nuestra atención. Cuando hay un interés genuino en generar una corriente, o desacreditar algo, se pone en marcha la maquinaria con instrucciones muy precisas que afecta a nuestra manera de ver el mundo y comportarnos de la sociedad. 

Y usted propone frente a la manipulación y este despropósito: conocimiento del contexto, educación y esfuerzo personal. La pregunta y el inconformismo ante lo que pasa continuamente ante nuestros ojos para conducirnos a la veracidad, ¿no?

Además del esfuerzo personal es clave la alfabetización mediática. En España se habla poco de esto, entre otras cosas porque estamos a la cola en alfabetización. Es un indicador de la pereza o el desapego de muchos ciudadanos hacia lo que le viene de los medios de comunicación tradicionales, bien sea por la calidad de los impactos, la cantidad que se recibe y la credibilidad que merece. El caso es que están buscando en otras fuentes porque hay una pérdida de cuota de atención por varios motivos. Uno de interiorización, ser conscientes de que los asuntos tienen una complejidad que no se despacha solo con los titulares de las redes sociales, o por la decepción por la convivencia manifiesta entre poder político y medios de comunicación.

Así lo refleja del Barómetro de Confinanza de Edelman que ya nos advierte que las personas confían más en los buscadores para buscar la información que en los propios medios o instituciones. Esto significa que más de la mitad de la ciudadanía decide buscarse la vida para estar informados, sin un método ni rumbo claro. 

¿Qué puede afectar esto en la comunicación empresarial?

Paradójicamente, esto también es un horizonte de esperanza para las empresas que pueden llegar de forma más directa a sus públicos, posicionarse en los sitios donde la gente está buscando algo y darle esa información de interés sin intermediación. La desintermediación para sortear la desinformación es una buena oportunidad para las empresas. Tenemos que estar cerca de la gente para ofrecerle una información de calidad a sus inquietudes.

¿Se reafirma pues en que un ‘un nuevo modelo de comunicación es posible’? ¿Cuál sería el ideal a seguir?

Hay que tocar todos los palos. Estar cerca de los medios para conseguir que recupere unos índices de confianza aceptables pues son muy importantes para una sociedad democrática. Las empresas deben seguir invirtiendo en publicidad, en canales alternativos o tradicionales, para conectar con aquellos mensajes que forman parte de la línea editorial del periódico, sin duda. Además, debemos tener presencia y contactar con la audiencia, aunque nos critiquen, sin ninguna duda. Generar contendidos propios para estar bien posicionados en los buscadores, clarísimamente.

¿Es lícito desintermediar y que todo lo que no entre en el pago o lo que los medios hablen de ti a través de canales propios? Absolutamente. La suma de todo esto es lo que permite que en el nuevo modelo de comunicación podamos tener situaciones de contacto con la sociedad que cada vez está más fragmentada en cuanto al acceso de la información. Estar presente en más sitios y con formatos innovadores, ahí está la clave.  

¿Cómo lo pone usted en marcha desde Endesa?

Últimamente estamos apostando mucho por la voz propia dentro del ecosistema informativo. Mantenemos con nuestro rol de ayudar a los medios tradicionales sobre el sector eléctrico en particular. Pero a la vez estamos creciendo en la producción propia para proporcionar a los públicos a través de redes sociales respuestas a sus principales inquietudes. También estamos trabajando mucho más el SEO para estar presentes en aquellas cosas donde una empresa como Endesa tenga algo que ofrecer cuando la gente busca algo relacionado con el sector o la empresa. Queremos ofrecer valor añadido o solventar una duda razonable o profunda acerca de cualquier tema sobre la electricidad creo que tenemos la obligación de estar bien colocados para que a través de esos contenidos le demos respuestas a la gente que tiene esas preguntas.

Luego otra cosa es que el usuario decida si quiere trabajar con nosotros o no. No entramos en la parte comercial pero sí en darle información de calidad. Cuando hay dudas, si das respuestas eres más empático y la gente te acepta. Es mucho más efectivo que cuando interrumpes para vender algo continuamente. 

Avanzáis entonces en la capilaridad de audiencia para obtener una monetización en valores de servicio público … ¿A través de qué iniciativas?

Trabajamos una estrategia que me gusta denominar de “comunicación no explícita”. Durante décadas ha habido una obsesión por ocupar espacios de ‘grandes titulares’ en los medios de referencia, de esos que buscan la palmada en la espalda. Pero en este entorno de caída de la cuota de atención de las personas y framentación de canales, oferta de contenidos … nos ha hecho cambiar el criterio. Confiamos parte importante de la estrategia en targetizar el contenido en función de sus intereses y dudas. Ese contenido “ad hoc” lo tienes que tener producido antes.

Y de ahí sale la ‘caraE’ como anaquel de información útil y práctica que lo tienes que ir llenando con determinadas taxonomías que con el paso del tiempo irá reforzando un corpus de información cada vez más completa para solventar las dudas del usuario sobre cualquier tema relacionado con el sector. Tenemos otras iniciativas como #UnaRespuesta, los ‘Endesa Challenges’, ‘Miles de preguntas, una respuesta’ … Con los años estas taxonomías van a a crecer mucho más, y por lo tanto ofreceremos información más útil a los usuarios que quieran encontrar claves a determinadas cuestiones. 

Pero eso no se consigue de la noche a la mañana, estamos en un cambio que afecta a la cultura corporativa de la empresa en su conjunto …

Es una carrera a largo plazo. Obviamente tenemos los temas urgentes, que salen del día a día, pero esto es ir cogiendo desde muy abajo, de manera muy sostenida, ir creciendo en posicionamiento. Hay una batería de temas que hay que explicar a la gente de tipo ‘¿Por qué ha subido tanto la luz?’ que no todo el mundo tiene que entender pero sí es nuestra responsabilidad acercar esa información y hacerla de manera sencilla. 

Por último, ¿Se plantea reflexionar sobre ‘La nueva información. Veinte ensayos breves a favor de una carta de derechos digitales’?

Las instituciones tienen que ayudar y consolidar la carta de derechos digitales. La UE lo está trabajando para añadir cierta mesura en este tema complejo y me remito a las malas prácticas en referencia a asuntos como la privacidad, el odio digital. Por cierto, aprovecho para poner el foco en el bueno trabajo que en este sentido hace el ‘Centro contra el odio digital’ . Igualmente, tenemos que conseguir un gran Pacto Digital que permite visibilizar todo lo bueno que tiene la tecnología y minimizar, aislar o perseguir las malas actuaciones.

Pero sin querer ser aguafiestas tenemos que seguir haciendo aflorar, poner en foco, en los problemas. Que cada vez haya más conciencia de que esto son problemas que a lo mejor no se ve en la forma pero que va deteriorando de forma socavada la convivencia y hace de nosotros una sociedad peor. Tenemos que seguir concienciando que estos son problemas que afectan a la vida personal de forma tangible. No suena ni se ve pero existe. Para ello, estoy trabajando en otro libro que profundiza en la desinformación. Lo centro en todo lo que tiene que ver con el problema y nos incomoda por ser corresponsables. Necesitamos más conciencia del impacto nocivo que tiene. 

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