Enrique García

Siéntase orgulloso de ser andaluz. Enrique García.

El precedente más inmediato de la Oficina del Portavoz del Gobierno de la Junta de Andalucía responde a una figura destacada en todo el proceso de la autonomía del pueblo andaluz. El nombre de Enrique García aparecerá por siempre en la historia de Andalucía; no solo por su labor en la comunicación institucional, que también, sino también por defender “los intereses de Andalucía tanto en el desempeño de responsabilidades públicas como desde los medios de comunicación privados”.

La idea de cohesión territorial a través de una identidad andaluza, comienza en su etapa de locutor en Radio Sevilla, donde con Iñaki Gabilondo al frente, plasma su “preocupación fundamental y el compromiso de Andalucía” con la puesta en marcha del primer informativo que cubría todo el ámbito regional. “Arrancamos conscientes de que era una aventura que comportaba sus riesgos, no compartida por otras emisoras, que tuvieron su pequeña resistencia. Supuso una gran implicación personal de la que todavía me siento orgulloso porque se trata de un momento en el cual la radio era absolutamente vital en Andalucía, pues el índice de lectura de periódico era muy bajo, y la radio era el medio popular; el que todo el mundo tenía mano, de ahí ‘lo ha dicho la radio’”.

Para García, “era importante una convocatoria a una hora determinada, todos los días, a través de una emisora local y a la vez en conexión para toda Andalucía como elemento vertebrador. Perseguíamos que el andaluz de Andalucía se sintiera identificado e hiciera suyo un problema o un logro de Almería y viceversa; y que descubriésemos que todos conocieran los problemas de todos”.

Esta concepción de ruptura con los provincianismos, localismos y la apuesta por un planteamiento global es lo que hace, en opinión de Enrique García, a Rafael Escuredo a fijarse en este profesional “para profundizar en un proyecto autonómico que colocara Andalucía por lo menos en cuanto a estatus político en el mismo rango de las Comunidades Históricas”. Esta convicción es la que lleva a desempeñar la labor de portavoz en varios gobiernos: preautonómico de concentración y del primer gobierno autonómico propiamente.

Se trataba de empoderar al pueblo andaluz con una identidad propia. Con este objetivo se poner se planifican mensajes como “Siéntase orgulloso de ser andaluz”, “Andalucía: nuestro orgullo, nuestro problema, nuestra responsabilidad”, “Andalucía fue una tierra hermosa, grande, vieja sabia”

“Por un lado, zarandear a los andaluces para que se quitaran esos complejos y esa falta de inferioridad que le habían metido en la cabeza; haciéndoles ver en el día a día, al contarlo, lo cotidiano. Van descubriendo sin doctrina, hacer como una acotación lateral que le hiciera reflexionar, tomando la realidad como demostración de que teníamos muchas cosas que compartir”, señala García.

La identidad andaluza estaba latente. Había una fraternidad, una cultura, una historia común y una forma de ser; muy variada y con mucha riqueza. Y con el fin de la dictadura de Franco se abría un nuevo tiempo de oportunidades, una ilusión y esperanza compartida de construcción de una Andalucía distinta, que nunca se había hecho. Eso era lo novedoso. “Andalucía, el pueblo que es culto ve el proyecto autonómico como una herramienta para salir del olvido. No solo es la contribución política de un autogobierno, sino que la esperanza está en salir del subdesarrollo, sometimiento, estar por debajo de la media en todos los datos”, insiste el exportavoz.

En este contexto se decide optar por una comunicación institucional, en la que “lo importante es contar bien lo que se hace, siempre que se haga bien. Aquí no vale la trampa, el marketing vacío. Entre otras cosas porque el pueblo andaluz es muy listo, tiene mucho olfato. La claridad de la idea de Rafael, la justicia de lo que se reivindicaba y el hacer de cada día… me facilitaba emplearme a fondo en trasladar un discurso porque sé que lo que estoy contando es verdad”.

La figura del presidente Escuredo era fundamental para llegar a los destinatarios. Para García, “Rafael marcaba los ritmos y el mensaje en cada momento; y a mí me tocaba hacer de altavoz. La base era buena. A veces te encontrabas con un muro y otras con un río de colaboración. La predisposición del pueblo que olfateó y racionalizó que aquellos era unos momentos importantes y que había que apretar los dientes”.

Es necesaria la presencia de un portavoz del gobierno para que coordine toda la gestión de la comunicación en el proceso autonómico. “A mí me pide Rafael -señala el portavoz- que me vaya con él al día siguiente de tomar posesión, que yo lo tengo citado para una entrevista. Cuando acaba me presenta de una forma más personal el proyecto de comunicación y me dice que quiere contar con una persona de su confianza y que entendía que podía depositarla en mí. Podría aportar valor a Andalucía. Yo no podía decir que no y me someto al entusiasmo”.

Se dieron la mano, por un parte, la confianza del presidente Escuredo, y por otra, las ganas de Enrique García. El siguiente paso era dotar de estructura al equipo de comunicación y también de legitimidad. Para esto último, se eleva la responsabilidad al rango de director General de Medios de Comunicación de la Junta de Andalucía.

Heredó la infraestructura de Lola Cintado, responsable de comunicación del expresidente Plácido Fernández Viagas. Cuenta durante los tres primeros años con dos administrativos y con Teresa Rodríguez de la Borbolla, jefe de prensa de la UCD, que hace las veces “número 2” en el gabinete recién creado. Así, para la radio se grababan todos los días en un cassete lo que se quería transmitir y una de las administrativas enganchaba el cassete al teléfono y, una a una, se lo mandaba a las emisoras.

En ese tiempo, el télex era lo último en las nuevas tecnologías. A través de la perforadora, se ponía en la cinta la nota de prensa y “una por una” se enviaba a las redacciones informativas. En cuanto, a las convocatorias algunas se hacían, incluso, por correo ordinario como era el caso de caso de los viajes de la semana. Además, eran muy frecuentes los desayunos y encuentros con el presidente. En el caso de las fotos, se recurría en ocasiones al servicio del autobús.

Se negoció con la Agencia EFE un servicio regional de noticias. Un espacio diario para las noticias sobre el gobierno andaluz y la agenda del presidente para aquellos medios abonados.

También tuvo mucha acogida entre los periodistas de los medios andaluces una serie de jornadas informativas sobre diversos aspectos de la nueva administración pública, temas de gran interés, pero de carácter muy técnico.

Durante esta etapa, se intentó convertir la precariedad de medios en una oportunidad de cercanía, trato directo, y accesibilidad. “No había cultura de gabinete de comunicación. Pero poco fueron entendiendo que más que una barrera tenía una función de facilitador, no hacerse imprescindible mediante imposición de barreras a las fuentes divulgativas. Las empresas también veían una necesidad en la comunicación institucional. Es una fuente de trabajo. Creía en los gabinetes, pero no debía equivocar su función: deben ser una puerta abierta y engrasada”.

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