¿De ciencias o de letras?

De un tiempo a esta parte los departamentos de Marketing están siendo colonizados por unos tipos con gafas que hablan poco y están siempre haciendo cuadros de Excel, tablas combinadas, proyecciones dinámicas, referencias cruzadas, matrices al cuadrado y horrores similares: SQL, lean, agile y más perversiones dignas de Pigalle.

Son analista sénior, ingenieros y mineros de datos. Gente chunga, fría. Caza-recompensas del ROI, abolicionistas de la imaginación.

Hay que decirlo, yo soy muy de Power Point, mi único sobresaliente en el instituto fue en Filosofía, eso donde no había que estudiar y sólo divagar acerca de una idea. Hoy en día no tendría dónde sacar sobresaliente, las letras están condenadas al ostracismo de los nuevos tiempos tecnológicos.

Dicen todos los guruses que en el futuro seremos ceros y unos, que los robots nos quitarán el empleo, que el big data se meterá en nuestra casa y en nuestra cama y nos dirá lo que vamos a desayunar. Por supuesto nada de bollería industrial ni aceite de palma de ese que liga el mejunje de la Nocilla.

El coche autónomo compartido nos llevará con quien le pete de paseo, probablemente a unos grandes almacenes donde gastaremos la paga que nos asigne el gobierno (en el mejor de los casos).

Todo va a ser tan predictivo que Amazon sabrá lo que vamos a comprar sin necesidad de encender el ordenador y nos lo traerá a casa antes de que hayamos decidido comprarlo. Una Fintech nos habrá ingresado previamente el importe del préstamo que íbamos a pedir para afrontar la compra, alertada por su algoritmo que teníamos la cuenta más seca que los pantanos en Murcia.

Todos inexorablemente clases pasivas, todos viviendo a crédito, comprando los artículos que seleccionarán las tres corporaciones que regirán el planeta. Los gobiernos serán un teatro necesario para escenificar los conflictos que nutran las guerras y ataques de todo tipo necesarios para consumir la producción mundial de armamento.

Un poco 1994 todo esto.
Poco menos que la voluntad y el libre albedrío son animales en extinción.
Para ello, los departamentos de Marketing de todas las empresas del mundo serán colonizados por ingenieros y matemáticos (indios, que son más baratos) echando para siempre a los iluminados que tenían las ideas. A los que confiaban en corazonadas. A los que se tiraban a la piscina con decisiones emocionales, echando mano de la empatía necesaria y la ilusión que les hacía parecerse a las personas y opinar como personas, de esas que había antes. Las que tomaban decisiones emocionales, que confiaban en su libre albedrío para decir vamos a por el niño después de la pareja de niñas y con un ERE en el horizonte más cierto que el pan nuestro de cada día.

Soy un incompetente confeso para las matemáticas, y sin embargo cada vez estoy más cerca de ellas. Necesito los números como las ensaimadas del Froiz o las napolitanas de Cuétara (todo con su aceitillo de palma, a quién le importan los orangutanes). Y esos cabrones de ingenieros cada vez me llaman más a menudo, necesitan ponerle piel a los números tanto como yo necesito ponerle números a las corazonadas.

¿Y si la Filosofía no fuera tan inútil ni tan mala? ¿Y si la música ayudara a entender la armonía que echamos de menos en los centros comerciales? ¿Y si a las emociones les faltara la certidumbre de un edificio bien cimentado que no teme a los terremotos?

Porque el ser humano tiene miedo a la duda se impone el dios único, la patria, la bandera, el color acorde a tu sexo anatómico. Se te obliga a optar y elegir, se te imputa la falta de ser y ser a la vez. O catalán o español.

Lo malo de las etiquetas es que son reduccionistas, que se cargan de un plumazo la finura del matiz, la belleza sin par del mestizaje.

Pues bien, yo elijo la duda, el amor confeso y pasional por el marketing emocional y a la vez el cortejo continuo del racional en la inmensidad del universo big data. Las Matemáticas y la Filosofía. Las Ciencias y las Letras. Los pantalones azul marino con calcetines rosa palo. Aragonés, gallego y español (pero sin el español-español-español y ni de coña el a-por-ellos-oé). Y si me apuran, un poco francés.

El dato y la empatía. El lunes por la mañana y la noche de sábado. Meetic y la conversación de barra de bar. El Marketing con ROI y el marketing con marca. Y el Marca, para Rajoy.

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