Esteban González-Pons ha publicado 'El Escaño de Satanás', una novela a modo de distopía con los demonios y vampiros de la política de hoy.

González Pons: «La ‘pena de telediario’ equivale a una condena a muerte civil»

El Congreso de los Diputados está construido sobre el antiguo convento del Santo Ángel. En 2009 se encontraron justo debajo del hemiciclo una tumba sin nombre con una mujer enterrada en su interior. Sobre esa base el eurodiputado González Pons ha construido ‘El Escaño de Satanás’, una novela a modo de distopía con los demonios y vampiros de la política de hoy. Un relato apasionante donde el valenciano no deja títere con cabeza y nos da su particular visión sobre la nueva política, las relaciones del poder político con el mediática o el sexo en la Cortes.

“El Escaño de Satanás” señala que “De Dios es el poder y de Satanás es la política”. Y usted nos presenta “unos apuntes” escritos divinamente  pero con mucho olor a azufre … ¿Por qué esta distopía en forma de “episodio nacional”?

El libro representa una España que no es pero que de seguir las cosas como van acabarán siendo. Mientas escribía la novela tenía la sensación de que estaba exagerando pero tengo que decirte que desde que la entregué en la editorial tengo llamadas todos los días de mi editora diciéndome “te quedastes corto” (risas). Es una distopía que va camino de no serlo. En política sale lo peor del ser humano, pero de la política también sale lo mejor que hace el ser humano. En la política te encuentras la conspiración, pero de la política salen las pensiones, la sanidad, los derechos … Creo que acierto cuando que en política a “Dios se llega por Satanás”.

De forma enmasacarada, divertida y desgraciadamente terrorífica habla del poder político en la actualidad. Sabes más el viejo que por diablo … No deja títere con cabeza expresando con su ficción lo que cree de convicción. Le propongo incluir en su novela al Diputado González Pons …

Adelante …

¿La polarización es el escaño que ocupa Satanás en el Parlamento español? ¿Se puede llegar a los límites de esperpento que usted refleja o es ‘un aviso a navegantes’?

Los demonios en la política española no viene de los extremos sino de la grieta que se abre en el centro cuando se separa la derecha y la izquierda; cuando se rompen los puentes entre una parte y otra del parlamento español para abrirse un pozo que conduce directamente al infierno. De ahí salen los demonios desde hace generaciones. 

Hace usted un viaje al centro de la tierra, al fuego original, en este caso metafórico de la vieja política ¿Ha muerte el espíritu de la transición?

Ojalá no muera ese espíritu de la Transición porque el día que eso pase morirá la democracia. Ese fuego original al que se refiere hoy está pasando frío. Igual que los norteramericanos o británicos aluden constantemente a la fundación de sus democracias, nosotros deberíamos santificar el nacimiento de la nuestra. La buenas formas, la educación, la transigencia, el entendimiento mutuo son valores que no deberíamos perder. Y cuando eso ocurra, insisto, perderemos la democracia. Me considero un guardián de las brasas que quedan todavía de ese fuego original.

También dibuja una masa de ciudadanía enfurecida y encolerizada. ¿Es la política el reflejo  de la sociedad que tenemos?

Cada vez menos la política es reflejo de la sociedad que tenemos, y cada vez la sociedad es menos autónoma para hacer política. No somos conscientes hasta que punto las redes sociales, la globalización, las series de televisión … están homologando a todos los ciudadanos, sin distinción del país donde viven, tanto los modelos de los políticos como sus ambiciones. Ojalá la política fuese reflejo de la sociedad a la que sirve, ojalá los políticos representaran bien a los ciudadanos. Pero cada día menos políticos aspiran a representar a los ciudadanos y menos ciudadanos desean que los políticos le representen. Estamos entrando en un universo de legitimación material en el que algunos regímenes políticos como el chino acaban justificándose solo porque sirven a la prosperidad. Vivimos un momento difícil para la moral. 

Incluso llega a simular un “Asalto al Capitolio” a lo español protagonizado por una sociedad civil, a la que también le pide un poco de más talla …

Le exijo algo más compromiso con las instituciones. La democracia no son las instituciones pero sin instituciones no hay democracia. Recuerdo el añorado tiempo de la transición que había muchos club de opinión, de lectura, tertulias públicas, programas de entrevistas largas, se reflexionaba en los medios y la calle … Y eso ha desaparecido. Hay una despoblación de los espacios comunes. Es una gran pérdida que la sociedad civil deje de considerar a los parlamentos como su continuidad, como parte de sí misma. 

Ya le digo que se ha dejado pocos “problemas de fondo”, incluso rebautiza el coronavirus como el Gran Catarro … ¿Cómo crees que hemos afrontado esta prueba de fuego o ‘bautismo de sangre’? No faltaron los vampiros, ni en la ficción y ni en realidad …

Al coronavirus le miraremos la cara dentro de algunos años. Todavía quedan muchas incógnitas para saber lo que realmente pasó. De momento hemos preferido alzar la vista al frente, y hemos caminado para no quedarnos atrapados. Incluso ahora no nos preguntamos por qué se ha ido, por qué estamos actuando como si ya no existiera. Esa peste del siglo XXI ha llegado y se ha ido tal como fuese un juego de ordenador. 

Podíamos seguir conversando sobre temas de actualidad tratados como la relación sexo-política, cómo Madrid ha centrifugado el concepto de España, el papel de los corruptos ‘medradores’ de los partidos como Pancho Zaragoza … Pero me gustaría pararme en el papel de los medios de comunicación. ¿Qué papel juega el “cuarto poder” en este plan diabólico? ¿La del “árbol y las nueces”?

El cuarto poder por desgracia cada vez es menos cuarto y menos poder. Tiene menos capacidad de influencia que antes, solo llegan a la generación ‘boomers’ que es la mía. Pero por debajo cada vez menos personas ven la televisión, leen la prensa escrita, escuchan la radio … Los menores de 35 se informan a través de redes sociales. La información sigue siendo clave para el mantenimiento de la democracia pero hay que reconocer que ese cuarto poder se está diluyendo. Hoy el caos de las redes sociales lo está manejando alguien y no sabemos quién es. En mi novela lo que sí aparece la convivencia entre periodistas y políticos porque vivimos en la misma burbuja donde nos amamos, nos odiamos, divertimos y morimos juntos. 

Hace especial referencia a las penas de banquillola cárcel de telediario …  Dice literalmente que “los medios de comunicación estigmatizan a los políticos acusados de corrupción convirtiéndolos en leprosos” … En los casos de absolución, ¿es posible la reparación pública o no hay ningún interés? 

Es imposible porque el que ha sido castigado ha visto como su prestigio se deterioraba tanto que es irrecuperable. Hoy día la pena de telediario equivale a lo que en si siglo XIX era una condena a muerte civil. El que pasa por este trance se convierte en un muerto viviente, al que está mal visto hablarle, tomarse un café con el o ella, trabajar, incluso vivir cerca. La tacha de corrupción, que no la condena, en España es el castigo más cruel y arbitrario que se reparte. Conozco más de 50 políticos y funcionarios acusados de corrupción y luego absueltos que aparte de haberse arruinados, han visto como sus vidas se destrozaban. 

Ya para terminar, sin entrar en el justiciero padre de la protagonista que disfrutaba firmando penas de muerte al estilo queipollanista, ya le digo no deja títere con cabeza, ¿Por qué centra su novela en Sevilla, concretamente en la Calle Sierpes, Campana?

Elegí Sevilla como ciudad para vivir y circunscripción para Marga Saavedra porque estoy enamorado de esta ciudad. Por devoción, elegí para mi personaje central el lugar donde me hubiese gustado vivir. 

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