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Hovik Keuchkerian: “Disfruto mucho más sobre un escenario que frente a las cámaras”

Hovik Keuchkerian (Líbano, 1972) no lleva muchos años dedicado a la interpretación. Pese a ello, ha logrado abrirse un hueco en la nada fácil carrera de actor tras haber sido boxeador profesional. Su trampolín definitivo vino de la mano de Bogotá, el personaje que encarna en ‘La casa de papel’. Pero el que siempre le acompaña es el de Wahab, el protagonista único de la obra de teatro ‘Un obús en el corazón’, en la que Hovik Keuchkerian, de modo magistral, logra remover los más diversos sentimientos de cada espectador que acude a verla.

¿Has sentido miedo alguna vez en un ring o en un escenario?

En el ring sí, en la escena no. Una vez tuve un ataque de ansiedad justo antes de salir, pero más que miedo era que se me hacía muy largo lo que venía y no sabía si iba a ser capaz de cruzar el desierto ese día, pero salió bien.

¿Cómo conseguiste en la obra ‘Un obús en el corazón’ aprenderte el monólogo de memoria? ¿Resulta complicado?

Eso realmente es lo más fácil, te lo lees una y otra vez, lo memorizas por cachitos y una vez que tiras la primera vez sin mirar el papel lo haces al día unas diez veces, una vez detrás de otra durante dos meses y al final es un cuento largo. Es lo más fácil de toda esta historia, lo hace cualquiera, es cuestión de tiempo, es el arte de la repetición y memorizar, no tiene ningún mérito.

¿Cómo te sentiste la primera vez que te subiste a un escenario? ¿La recuerdas?

Claro que la recuerdo. La primera vez que me subí a un escenario fue a principios de 2007, en la Sala Galileo con Jorge Blas, el mago, que fue con el que arrancó todo esto. Me invitó a subir al escenario a contar chistes de Eugenio y me lo pasé muy bien. La segunda vez ya hice un monólogo cómico y me lo pasé en grande.

Y en aquel momento, ¿supiste que podía comenzar una historia?

No, en ese momento simplemente vi que de estar muy apasionado y focalizado en el boxeo y tener este objetivo, pues lo dejé, me quedé sin objetivo y dos años después apareció la interpretación de la nada. Me di cuenta de que disfrutaba mucho y que me encontraba muy a gusto en el escenario y poquito a poquito iba al siguiente bolo. Y hasta aquí hemos llegado y así sigue mi vida.

¿A qué personaje te gustaría interpretar?

A cualquiera que me apasione, me intrigue, me haga investigar. No tengo en la cabeza ningún personaje que piense que me fliparía, porque basta que pienses eso para que no te salga nunca. El siguiente personaje que venga, hacerlo grande y hacerlo potente.

¿Pantalla o escenario?

Son distintos, cada uno en su momento. Disfruto mucho más sobre un escenario que frente a las cámaras, me parece más de verdad.

Pese a la mascarilla, ¿qué reacciones percibes del público cuando estás sobre el escenario?

Más que percibirlos, porque no es que los vea y los analice, los siento. Es una energía, en el público siento nostalgia, sufrimiento, dolor, miedo, o quien desconecta y mira para otro lado.

¿Cuánto tiempo de preparación hay detrás de un papel como el de ‘Un obús en el corazón’?

Desde 2014, con intervalos, con parones por mis compromisos audiovisuales. Es un texto que me lo digo prácticamente a diario; voy paseando, andando por el monte, o voy en un taxi y tengo treinta minutos de camino y lo voy diciendo. Y luego todo lo que ha supuesto el camino de aprendizaje con Santiago Sánchez. Yo no había hecho teatro nunca, esta es la primera obra como tal y era un poco pensar cómo se hace esto. Pero ya no es el texto, es la atmósfera, todo lo que se genera. Que el público esté exactamente en el sitio donde estoy yo, conmigo en cada lugar y que a los diez o quince minutos de empezar estamos todos en el mismo barco.

¿Cuál ha sido el papel que más te ha marcado?

Este y lo que le queda.

¿Cómo va el tema de la escritura?

Lo tengo bastante parado, no estoy escribiendo mucho. Escribí algo en la pandemia, pero por primera vez en mi vida lo leí y en lugar de hacerme bien me hacía mal así que lo dejé.

De todos los personajes a los que interpretas, ¿te quedas con algo de ellos?

En audiovisual no me ha pasado todavía. En cambio, Wahab está conmigo a diario, sin pensarlo. Wahab viaja con Hovik y Hovik viaja con Wahab, indistintamente de que represente el Obús o no.

¿Bogotá y ‘La casa de papel’ fueron un antes y después en tu carrera profesional como actor?

Desde que empecé teníamos mi representante y yo la carrera puesta aquí y fuera. Antes de hacer ‘La casa de papel’ ya tenía un recorrido internacional, había hecho cinco proyectos fuera, pero sin lugar a duda ‘La casa de papel’ es un trampolín potente porque es la serie española más vista del mundo. Además, el mercado ha cambiado mucho con las plataformas digitales. Ahora hablando español e inglés prácticamente tienes el mercado internacional abierto y puedes trabajar en cualquier parte del mundo.

Autora: Arancha Díaz
Fotografías: AISGE

Este artículo forma parte de los contenidos de Entremedios, plataforma impulsada por los alumnos del Grado en Periodismo de la Universidad de Zaragoza

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