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Las injerencias de RTVE en la línea editorial desmantelan la corresponsalía en Jerusalén

El súbito cambio de Usua Zubiría al frente de la corresponsalía en Jerusalén tras más de cien días de conflicto bélico levantaron las sospechas sobre las verdaderas causas que había en el trasfondo de la decisión de cambiar el rostro que venía informado todos los días en TVE. Al final, y tal como confirmaba en su edición del pasado domingo El Debate, las injerencias en la línea editorial por parte de los responsables del RTVE han acabado por provocar este terremoto.

Para dar solución de continuidad inmediata, RTVE echaba mano de la incombustible Almudena Ariza. La periodista, una habitual en la red de corresponsales del ente, es mucho más dócil y permeable a las recomendaciones a la hora de orientar sus intervenciones de un lado o de otro de la balanza. Con esa carta de presentación se ponía al frente de la corresponsalía sin mediar explicación alguna.

Si hasta ahora Zubiría informaba en sus piezas desde un punto de vista que no se acomodaba a los designios de sus rectores, con el cambio llegaba la variación en el relato. En tal caso, y aun negado por ambas partes, El Debate se hace eco de las presiones que sobre Zubiría se venían haciendo desde otras corresponsalías para que se informara a favor de la causa palestina. Muy del gusto, todo hay que decirlo, del gobierno de Pedro Sánchez. Ese nuevo enfoque se puede comprobar en las crónicas que van llegando día a día desde el propio frente de la guerra.

Cambio en la línea editorial

Con todo, el cambio de registro en la línea editorial es ya una realidad. Tanto Ariza como Ana Jiménez han reorientado el sesgo informativo con una prontitud muy deseada para evitar comentarios. Ahora, con la información publicada, es más fácil entender el giro que esas crónicas están trasmitiendo en estos últimos días.

No beneficia mucho a la profesión este tipo de injerencias y que además lo que trasmiten es una falta de criterio periodístico en beneficio de un criterio político o estratégico a la hora de construir las crónicas. Estas se desacreditan al encontrar un trasfondo diferente a lo informativo. El periodismo militante sigue vivo y sigue siendo una de las lacras de este oficio. Ya lo decía Quevedo en su letrilla satírica, “Poderoso caballero es don dinero”. Podríamos añadir aquella otra de “quien paga, manda”, aunque mande mal.

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