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Miguel Barroso, un sutil malabarista del periodismo

No dejaba indiferente a nadie. Con altas dotes de seducción, se apagaba en las últimas horas el corazón de un Miguel Barroso que probó todos los frentes de la profesión para acabar ahora refugiado en su faceta de escritor de novelas. Su último servicio, a las órdenes de José Luis Rodríguez Zapatero como Secretario de Estado de Comunicación, hizo popular un rostro del que todos hablaban y poco se sabía.

Consejero en la actualidad del grupo Prisa, pasaba por ser una de las cabezas más privilegiadas en el sector de la comunicación con un olfato envidiable para ver los derroteros que se avecinaban en las diferentes épocas.

Es el adiós de un disfrutón de la profesión, un hombre que lograba que se confundiera su persona con la leyenda que deja ahora como legado. Querido por sus amigos y envidiado por quienes no compartían sus criterios pero que admiraban su gran poder que siempre manejaba.

Miguel Barroso fue muchas cosas, atesoró mucho poder e influencia como el brillante comunicador político, gestor y creativo publicista. Pero siempre quiso ser un escritor. Podemos decir de él que vivió varias vidas, se retiró a sus cuarteles cuando pensó que ya no daba más de sí donde se encontraba. No fue nunca un hombre de focos y sin embargo manejó como pocos el poder con la influencia. Se va un fino estilista y siempre discreto. Adiós sin ruido.

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