Nuestra protagonista fue una auténtica emprendedora del periodismo. Dicen de ella que es una de las pocas mujeres fotógrafas de guerra del Siglo XX.

Mujeres Valientes. Christine Splenger, la mujer que ha fotografiado el infierno.

Por María José Andrade

Nuestra protagonista fue una auténtica emprendedora del periodismo. Dicen de ella que es una de las pocas mujeres fotógrafas de guerra del Siglo XX. Y es que desde 1970 ha informado y fotografiado los conflictos bélicos pero siempre desde el punto de vista de las víctimas de la guerra.

Ha trabajado como fotógrafa para las grandes agencias. Su trabajo ha aparecido en publicaciones y revistas de todo el mundo y el mundo ha podido ver el dolor y la destrucción de la guerra a través su objetivo.

Esta Juana del Arco de la fotografía ha sido galardonada con numerosos premios y condecorada como Caballero con la Legión de Honor de Francia, en reconocimiento a la labor realizada como fotógrafo de guerra.

En el año 1997 entró con los talibanes en Kabúl y fotografió, con su cámara escondida, a las mujeres oprimidas por la intolerancia. Esas mismas mujeres a las que ahora, 25 años más tarde, vuelven a imponerles la burka y a prohibirles el poder acceder a cosas tan elementales como la educación o la asistencia médica.

Para entender sus fotografías y el dolor impreso en ellas, hay que conocer su vida. Una vida que define a esta francesa, casi española para siempre, que quería ser historiadora y que nunca había manipulado estas “máquinas mágicas”. Una huida desde su Alsacia natal hacia, como dice ella, “buscando el sol para olvidar recuerdos”, la llevarán, a ella y a su hermano Erick, hasta África, donde serán hechos prisioneros en el Chad.

Testimoniar para otros

23 días más tarde y tras su paso por la cárcel, su decisión ya estaba tomada: quería testimoniar para los otros. Aprendió el oficio sobre el terreno y desde entonces no ha dejado de fotografiar un mundo con un angular de 28mm, y una cámara a la que sigue siendo fiel. Una Nikon con la que ha realizado fotografías que enseñan el dolor en primer plano, lo que ocurre atrás, la esperanza y lo que tiene lugar en la batalla.

Para ella la cámara fotográfica ejerce de pantalla, lo que le da una visión fracturada y que la hacía concentrarse en un trabajo que la llevaba a la abstracción total. Un trabajo inspirado por Goya, el pintor que conoció por sus visitas desde pequeña, al Museo del Prado. Ese pintor que, como si de fotografías de la época, supo captar los negros profundos, la oscuridad y la guerra y que a ella le sirvieron para descubrir que estas pinturas estaban llenas de realidad y de un significado que para ella era apocalíptico.

La foto como intuición

Aquella pintura la influenció para encuadrar su fotografía y para que una de ellas, la que realizó en Londonderry, y llamada “NIÑOS “JUGADO” EN LA GUERRA”, fuera considerada como una de las cien mejores fotografías del S. XXI. Una imagen absolutamente inmersiva y que, igual que Goya en Los Fusilamientos del 3 de Mayo, dejó mucho espacio alrededor para captar un momento perfecto en una fotografía perfecta.

Ella intuye la foto y la reconoce a pesar de la rapidez del instante porque el fotógrafo tiene que resumir una situación en una instantánea

Este “diablillo”, como la llamaban en Irán, reconoce que ser mujer, ha sido una ventaja para poder hacer su trabajo, ya que el velo, le permitió ocultar su cámara y pudo acceder a lugares a los que los hombres, no hubieran podido hacerlo nunca. 

Cristine no tenía bigote pero sí se puso la misma ropa de las mujeres a las que fotografió para mantener la dignidad bajo un manto de terror. Y así, vestida de ellas, pudo entrar en la cárcel en la que muchas prisioneras, le mostraron la mirada de frente de un ser humano privado de todo, menos de un alma que ella nunca robó.

Spengler se mimetizó con una mujer paciente a la que leía en sus ojos, un permiso para apretar el disparador de una máquina que atrapaba el dolor que ella también había sentido por la pérdida de su hermano.

Sensibilidad distinta, distintas sensibilidades

La mujer, según Christine, tiene una sensibilidad diferente al hombre fotógrafo corresponsal de guerra, y aunque tiene que tener la fuerza de éste para escalar montañas, ellas son los ojos del mundo que no dejan nunca atrás la sensibilidad peculiar que dice tener las mujeres fotógrafos de guerra.

Sus imágenes captadas en el infierno vuelven a la actualidad por una invasión, la de Ucrania, que unifica momentos. Charcos negros de una guerra que cada vez es más cruel y más salvaje, tal y como estamos viendo en tiempo real.

Christine afirma que el mundo se ha vuelto completamente loco, y no le falta la razón, porque vivimos en una época en la que cuesta mucho tener esperanza, a pesar de que no podemos permitirnos el lujo de renunciar a lo que nos hace fuerte.

Christine Spengler y su trabajo, nos da la oportunidad de conocer a una mujer valiente y luchadora. Una profesional que rompió todos los moldes marchando a muchos frentes que la han hecho excepcional por su vida, por su trayectoria, por su obra y por su compromiso.

El fotógrafo español, Gervasio Sánchez, dice que “hay que buscar otra manera de contar las cosas”, y eso es lo que lleva haciendo, desde 1970, Christine Spengler con su inseparable Nikón… Una “máquina mágica” que nos regala su “pintura”. Obras que son un testimonio de la misma guerra de siempre. Fotografías que no se pueden modificar ni retocar porque no tienen vuelta atrás… Y que son nada más y nada menos, que la única verdad.

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