Póntela, pónsela

En las últimas décadas dos han sido las grandes pandemias que han conocido las recientes generaciones. Por un lado, la provocada por el virus del SIDA, y en nuestro días el SARS COVID 19. Ambas letales, masivas y sin vacuna. La primera ha causado más de 40 millones de muertes, el coronavirus avanza ya por encima del millón de fenecimientos.

Ambas despertaron el desconcierto y la alarma en un principio, y produjeron y someten a un gran dolor de proporciones universales. Con efectos personales y en la salud emocional de la ciudadanía. Y pese a los medicamentos, las atenciones hospitalarias y los esfuerzos de instituciones y héroes de bata blanca … lo que tenemos seguro es que una buena información de servicio público es el antídoto que más vidas salva.

El COVID, y desgraciadamente la poralización política, se ha adueñado de la actualidad. Cifras, curvas, estadísticas para mostrar el estado de la cuestión, y como también como arma arrojadiza, constituyen el núcleo central de conversaciones y medios de comunicación. Mucho dato pero poca prevención.

Y en este sentido, se ha producido desde el fin de la primera ola un desistimiento en una labor fundamental: la anticipación. Se echa de menos campañas para recordar lo que hasta el momento salvan vidas: higiene y distancia social. Nos atiborran de eslóganes para salvar la economía, que también es vital, pero no nos conciencian para curarnos en salud. Nos minan la moral con datos pero poco hacen por la promoción de la salud.

No hay campañas como el “Póntelo, pónselo” que tan buenos resultados obtuvo. En aquel caso hacía referencias al condón, hoy podría ser la mascarilla. Preservar, proteger, alertar y resguardarnos ante la enfermedad. Campañas de servicio público no sólo para saber cómo prevenir sino cómo hacerlo. Mostrar las consecuencias de una mala conducta puede ser más ejemplarizante que una sanción.

Mensajes sencillos, directos y fáciles de comprender para no entrar en taifas de confusión. En tono divulgativo o transgresor, como las campañas de la DGT. Pero en definitiva, Iniciativas en los medios públicos por mandato, de los privados por responsabilidad social corporativa.

La publicidad institucional también puede salvar vidas y hay una constatada relajación en este sentido. Una dejación pronunciada de lo que marca la Ley 29/2005 habilitando para “anunciar medidas preventivas de riesgos o que contribuyan a la eliminación de daños de cualquier naturaleza para la salud de las personas”. ¿Acaso no concurren en estos momento la necesidad del interés general? ¿La necesidad de veracidad, transparencia y responsabilidad? ¿No sería una inversión en vez de un gasto?

El gobierno central, y los autonómicos, quizás deberían tomar nota. Publicitar para concienciar y no lamentar.

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