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Rafa Nadal y su derecho a la utopía

Rafa Nadal Parera, probablemente el mejor deportista español de todos los tiempos, ha dejado en varias entrevistas -especialmente en La Sexta con Ana Pastor- algunas declaraciones que denotan el complicado momento de incertidumbre que vive el balear, más cerca de bajar el telón a su excelsa carrera que de alzar por decimoquinta vez la Copa de los Mosqueteros en la Philippe Chatrier de Roland Garros.

Especialmente han generado esa polémica y el consecuente debate, su fichaje como embajador de la Federación Saudí de Tenis (STF). Revolotea la sensación de que el país islámico ha comprado al jugador para enjugar la imagen y que el manacorí se ha vendido por dinero a un país que no está precisamente entre los más adelantados en derechos humanos. Nadal niega la mayor. 

Que el deporte mundial ha virado su poderío económico hacia el mundo árabe es una evidencia desde hace ya algunos años. Por ejemplo, Qatar ya celebró el mundial 2022 de fútbol que, en fechas a desmano y ante los ojos indignados de una parte del mundo, se celebró por encima de cualquier otra consideración económica.

Arabia Saudí y el deporte

Arabia Saudí no le va a la zaga. Tras construir una Liga de fútbol a golpe de petrodólares con Cristiano Ronaldo y Benzema como estrellas más emblemáticas, ha sumado otra muesca con la concesión del Mundial 2034. A ello se añade la compra de los derechos del Wordl Padel Tour, su presencia en la F1, dentro y fuera de los circuitos -patrocina a través de Aramco el Aston Martin de Fernando Alonso- o el fichaje del golfista español Jon Rahm, número 3 del ranking mundial.

El jugador vasco ha recibido similares críticas a las de Nadal, e incluso fue “castigado” con no lucir la chaqueta verde lograda en el Master de Augusta para el saque de honor que hizo en el partido AthleticAtlético de Madrid en San Mamés, pocos días después de anunciar su fichaje por el LIV golf, el circuito saudí que pone en apuros al tradicional PGA.

En este escenario, Rafa Nadal se ha echado al monte de la utopía. Quiere aportar los valores de su deporte y de su forma de entender la vida desde ese prisma, en una sociedad atávica “retrasada”, como el mismo -y media humanidad- reconoce y negando en esta decisión el móvil económico que, a estas alturas, no parece que resuelva su ya resuelta existencia.

Los valores del deporte

Rafa Nadal se ha ganado el derecho a intentar conseguir sus deseos con su imagen de por medio, faltaría más. Su derecho a ser utópico, a querer cambiar desde el deporte y sus valores algo de una sociedad. Que lo consiga es otro tema. Y qué precio pagara si no es así. Algunos incluso se atreven a vincular el asunto con un hipotético sueño del balear por presidir el Real Madrid y con este fichaje arábigo engordar más su patrimonio para alcanzar las cantidades astronómicas que se exigen para presidir el club blanco. Nadal también niega la menor.

En las entrevistas, es cierto que no ha estado hábil con el revés liftado de sus argumentos, ha tirado fuera algunas bolas que deberían ir a la línea de las justificaciones y, es muy posible, que el planteamiento haya mermado desde el inicio el resultado final por un error en la comunicación, como él dice.  

“Todo se puede entrenar” es el título de las charlas que su tío y ex entrenador Tony Nadal esparce por los auditorios y salas. Y la utopía también.

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