Vicente Vallés nos narra en primera persona, con mirada crítica, su experiencia sobre el tratamiento de la COVID-19 en la televisión.

Vicente Vallés: “Realidad y verdad oficial no siempre coinciden”

Como la inquietante calma antes del Tsunami, o de una legendaria tempestad. Un pulso entre las señales que se avenían y el falso optimismo de quién prefiere un problema pasajero, otro asunto de actualidad que vuelve al mar de la actualidad informativa a medida que arriba a puerto otro tema de interés.

Eso es lo que Vicente Vallés quería creer cuando la pandemia se aproximaba España, tal y como relataba en el curso de verano UNIA 2021 mientras ofrecía “una mirada crítica a la información sobre COVID 19”.

“Al principio nos costaba mucho decidir qué tipo de tratamiento se daba a esta noticia. La información llegaba a cuentagotas. Ante esto lo primero que haces es acudir a fuentes científicas, y en este sentido nunca olvidaré la primera entrevista sobre el coronavirus donde una experta en la materia que dijo en directo no tenemos que preocuparnos, era una gripe distinta”.

Una respuesta que sirvió para tranquilizar, como ganar tiempo para ver si lo que se preveía era una mala predicción. Pero la realidad no daba margen para “mecanismos de defensa informativos”, y al momento ya se anunciaba que una ciudad de once millones de personas estaba encerrada dentro de casa en una ciudad china. Todo fue avanzando vertiginosamente. 

Pero todavía el Oriente quedaba lejano, se veía o queríamos verlos lejos. Hasta que llegó a Italia, a un puntapiés de nuestro país. “A partir de ahí empezamos a cuestionarnos informativamente si  aquí se estaba haciendo lo que había que hacer o se estaban tomando decisiones erróneas, si estábamos llegando tarde”. 

Había que reaccionar y en la mesa de redacción donde se cocina los temas del informativo, a inicios de febrero, una de la tarde, se decide preguntarle al gobierno por las medidas a tomar, concretamente si se iban a impedir la llegada de vuelos de Milán a Barcelona o Madrid. Respuesta tibia, nada.

Había un run run sobre un asunto que ya había adquirido la condición de gran tema informativo. Pero la incertidumbre era tal, que hasta a un avezado periodista como Vicente Vallés hacía dudar. ¿Pasaremos el limite de informar a asustar innecesariamente? ¿Qué tipos de imágenes podemos dar?  ¿Ataúdes sí o no? Y todo ello sin tener una solución definitiva, una verdad universal. “De hecho todavía no sé que responder”. 

En el alambre de esta fina línea también te planteas si el apagón informativo deviene en no contar la verdad. Esta dicotomía se instaló en todas las redacciones, qué decir cada día desde un ejercicio responsable. 

Se intuía pero no podías contrastar ni confirmar la noticia. No había certezas por parte de nadie. Por eso, reconoce también el trabajo de la administración, sanitarios, profesiones esenciales … encargados de gestionar la crisis de salud público. “Es extremadamente difícil, no hubiese querido estar en la piel de nadie que tuviese que tomar alguna decisión sin tener todos los datos suficientes para tomar una decisión. Una situación diabólica”. 

Aún así, como decía otro grande, Augusto Delkader, ante la duda hay que hacer periodismo. Informar. Ofrecer certidumbre en tiempos de crisis, cumplir con la función social de los medios de comunicación tradicionales. Si no se ocupaba ese espacio, la gente buscaría otros sitios e “informarse y redes sociales no encajan bien”. sentencia Vallés.

Empezó toda la maquinaria informativa a funcionar, hecho que todavía continua “con nuestros aciertos y errores, pero había que ofrecer, acercarse, a la verdad de la situación”. Y para ello había que estar al pie de la noticia en hospitales, residencia, instituciones, morgues … dejándose de la piel, la vida en algunos casos. En definitiva, “tenemos la obligación de meternos en aquellos lugares de donde todo el mundo sale. Hay que estar allí para verlo y contarlo”. 

Y no ha sido fácil para la profesión periodística. Compatibilizar la cobertura informativa y la salud personal no siempre han cuajado. Durante meses ponerse mascarilla estaba mal visto para los medios. No solo no lo recomendaban sino que era inconveniente para no generar alarma. “Estuvieron sin protección en el foco de la noticia jugándose su salud días enteros, unos detrás de otros”.

También los de su familia pues con las medidas de protección la redacción pasó de la oficina, del plató, a cada una de sus casas. Cubrían el hecho informativo y luego editaban o contaban desde los hogares de convivencia.

Una situación que todavía ocurre hoy día. Las redacciones están partidas semipresencialmente, en grupos burbujas. “Nos hemos tenido que adaptar a otra forma de trabajar con todas las limitaciones pero aún así se ha hecho un trabajo muy importantes de los medios de comunicación para la sociedad”.

Labor que también ha sido posible por la apuesta de las empresas periodísticas, también de las privadas. A diferencia de las públicas tienen un cierto margen, una horquilla, para la cobertura per se de la pandemia. 

Son empresas privadas que han hecho un esfuerzo intensísimo durante este tiempo donde se ha multiplicado la audiencia, sobre todo en el confinamiento, pero desapareció la inversión publicitaria.  “Se ha hecho desde la tele comercial un servicio público gratuito, puro y duro. Nunca hemos informado tanto ni hemos contado con más audiencia e ingresado publicitariamente menos. Lo comento no para que se agradezca, pero sí para que se sepa”.

Como puede apreciarse hoy día el esfuerzo informativo sigue prácticamente intacto. En cuanto al publicitario empieza a moverse. 

Tras este recordatorio, Vicente Vallés sigue avanzando mientras nos cuenta su mirada crítica ante el tratamiento informativo de la COVID-19. Y habla de un momento crítico, cuando empiezan a cuestionarse los datos oficiales de la pandemia. “No nos ganamos grandes amistades pero era lo que había hacer en ese momento, y la realidad se terminó por imponer con el paso del tiempo”.

A medida que iba pasando el tiempo, la experiencia y el conocimiento iba en aumento. Ya no se partía de la nada, del cero, de la incertidumbre inicial absoluta. Y en ese proceso de enseñanza-aprendizaje los mecanismos de control se fueron afinando. 

Hasta el punto de poder informar en un informativo que “los datos de pandemia no eran reales, que estaban muy por debajo de la realidad. Esa sospecha se confirmó con un informe de la OMS que establecía los criterios para cuando contabilizar a una persona fallecida por COVID. Los datos reales no coincidían con los que proporcionaba el gobierno”. 

El periodismo se hacía paso en una aproximación a la realidad, y la esta “no siempre coincide con la realidad oficial”. De una manera decisiva desde los medios de comunicación fueron determinante en mejorar los deficientes sistemas de medición, hasta la homologación actual. Sin duda, una de las grandes aportaciones del periodismo a la sociedad en tiempos de pandemia.

Una veta luminosa entre tanta negrura. Que también acaba afectando al Vicente Vallés como persona y periodista. Inciamos una búsqueda incesante de la verdad pero también de buenas noticias para “dar un respiro, ofrecer una esperanza”. Evitanto también la “sobreinformación que termina agotando a la gente”.

Así nos cuenta que para contrapesar todo el aluvión de noticias negativas buscábamos informaciones e historias positivas”. Y se daban en algunos casos, inolvidables. De hecho encontró el tesoro en una de ellas hasta el punto de dar la noticia más importante en 30 años de profesión, «que he dado en mi vida: el descubrimiento de la vacuna”. La segundo tiene nombre y se llama Araceli, la primera mujer vacunada en España. 

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